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Acceso a las nuevas tecnologías

Lunes, Noviembre 5th, 2007

Otro de los aspectos que me llevan a pensar que España hace mucho que perdió la carrera por entrar en Europa es el relacionado con el acceso a las nuevas tecnologías. No estoy pidiendo wi-fi en medio de la Gran Vía, ni teléfonos futuristas a precios asequibles. Seamos realistas, para eso aún queda mucho. Lo que estoy pidiendo es sencillamente ordenadores que funcionen.

De los once meses que estuve de Erasmus, no hubo un solo día en el que tuviera que esperar para encontrar un ordenador vacío. Con una planta entera llena de salas de ordenadores es difícil tener que esperar. Pero no sólo eso, en un país en el que los estudiantes reciben ayudas para acceder a las nuevas tecnologías, en donde el uso de los portátiles en clase se ha convertido en imprescindible, todo el mundo tiene su propio ordenador, por lo que las aulas de informática pueden resultar incluso innecesarias. Yo tenía portátil en casa, más bien, tenía una especie de armatoste que hacía las veces de procesador de textos, porque la verdad, no daba para mucho más. ¿Cómo iba a llevar yo a la uni mi reliquia, y ponerla al lado de los nuevos Macs, tan blanquitos y brillantes? Estaba condenada a recluirme en las salas de ordenadores. Dicho así puede parecer que lo pasaba mal al tener que usar un PC y no poder usar mi portátil, pero no es así. No sólo había una planta entera llena de salas de ordenadores, sino que estos ordenadores ¡funcionaban! Además, no eran los ordenadores que iban sobrando de otras facultades, ¡qué va!, eran ordenadores nuevos, con pantalla plana, cascos, la versión de Windows más reciente…en definitiva, el ordenador soñado. ¡Y todo esto sin tener que atar el ratón para que nadie se lo lleve!

En todas estas salas había una impresora, que, como ya os podéis imaginar, también funcionaba. No sólo es que funcionara si no que no tenías que llevarte tus folios, ni tenías a nadie cancelando tus impresiones para que salieran las suyas primero. Llegados a este punto he de reconocer que mi emoción en los primeros días era tal, que me ponía a imprimir toda clase de documentos, que, por supuesto, a la hora de hacer las maletas, acabaron en la basura.

A estas alturas ya estaréis todos muriéndoos de la envidia, pero lo mejor aún está por llegar. ¿Os imagináis una uni en la que Trados estuviera instalado en todos los ordenadores y todo el mundo tuviera acceso a ellos? Sí, queridos amigos, esta uni existe, no me lo invento. No os podéis imaginar lo rápido que se aprende así. ¿Qué tienes una hora libre? Pues te vas a aprender Trados, y quién dice Trados, dice otra larga lista de programas relacionados con nuestra futura profesión.

Como ya sabéis, todo lo bueno acaba, y después de once meses en el paraíso tecnológico me ha tocado volver a mi facultad. Tenemos tres salas y media (digo media porque a veces está abierta y a veces no) de ordenadores para toda una facultad, en la que hay carreras tan dispares como Historia del Arte, Filosofía o Traducción, por lo que la opción de tener instalados programas como Trados queda automáticamente descartada. Trados está, sí, pero en la sala cerrada que sólo se abre para dar clase, por lo que el nivel de manejo de Trados que voy a alcanzar con una hora a la semana es…bueno, ya os lo podéis imaginar.

La Ley de Murphy se cumple a la perfección, y cuando algo puede salir mal, en mi facultad sale mal. Vayas o no con prisa, te vas a encontrar colas a la entrada de la sala de informática. Cuando por fin consigas hacerte con un ordenador, ¡sorpresa!, éste no lee tu pendrive, y ¿tú qué haces?, pues volver a la cola. El segundo ordenador (gracias a Dios) va a leer tu pendrive, pero la impresora de esa sala no tiene tinta y la de la sala de al lado está bloqueada porque la gente ha metido el papel. Está bien, aún tienes tiempo para acabar tu trabajo e imprimirlo, así que pruebas con una tercera sala. Al fondo ves un ordenador vacío, te aproximas, y cuando llegas ves el cartel de “no funciona” colgado del monitor. Mientras tanto, se ha quedado vacío un ordenador de los de verdad, de los que medio-funcionan, pero tu rabia no te deja verlo, y cuando te quieres dar cuenta, ya hay alguien sentado delante de él. Lo único que puedes hacer en este momento es ir llorando a la Oficina de Relaciones Internacionales (si es que está abierta) y rogar que te den otra Erasmus.

Me llamo Aída, y llevo 100 días sin ser Erasmus.

Tasas públicas y financiación de la universidad española

Sábado, Septiembre 8th, 2007

A propósito de los comentarios al artículo sobre los precios públicos a pagar para realizar el examen de acceso a segundo ciclo, pensé que sería interesante escribir sobre la financiaciónn de la universidad pública española.

Los servicios públicos se definen por dos características: todos los ciudadanos pueden acceder a ellos por igual y no tienen coste directo para sus usuarios (es decir, se financian vía impuestos aplicados a la población activa, al capital, al consumo, etc).

La universidad española cumple el primer criterio: todos aquellos que posean el nivel académico adecuado, y superan las pruebas de acceso a la universidad pueden disfrutar del servicio público.

Sin embargo, el segundo criterio, el de la gratuidad, no se cumple. Para poder cursar estudios en la universidad, cada año hay que pasar por caja/secretaría y soltar una cantidad que oscila entre 600 y 800 €, dependiendo de la titulación y la universidad.

¿Realmente tienen los estudiantes que pagar por sus estudios? Es decir ¿no dispone el estado de recursos suficientes para financiar los gastos derivados de la educación superior?. Para poder responder a esta pregunta, echemos un vistazo a la estructura de ingresos y gastos de la universidad pública española en el año 2006 (último con datos disponibles):

ingresos y gastos de las universidades públicas espespañolas

Fuente: Universidad Española en Cifras 2006. Observatorio Universitario. CRUE (Vía Universia)

Centrémonos en el apartado de ingresos de origen público. De los aproximadamente 5.600 millones de euros que la universidad recibe, el 54,02% procede de aportaciones directas de las arcas del estado. El 16,12% restante procede de las tasas y precios públicos que los alumnos pagan directamente a la universidad. Esto supone un total aproximado de 900 millones de euros.

Si el Estado realmente pretende que la universidad sea un servicio público genuino, un buen paso en esta dirección sería calcular si las arcas del estado pueden afrontar este gasto.

En el año 2006, las arcas del estado registraron un superávit de aproximadamente 16.000 millones de euros. Si descontamos la cantidad requerida para evitar que los alumnos tengan que pagar sus matrículas, aun obtenemos un superávit de 15.100 millones de euros, suficiente a mi juicio para mantener la salud económica del país, y al mismo tiempo ofrecer unos servicios adecuados a sus ciudadanos.

La conclusión que podemos obtener de este análisis económico es la siguiente: los ingresos que obtiene el estado vía impuestos son suficientes para permitir una gratuidad efectiva de los estudios universitarios. Si esta se impusiese, se contribuiría a la igualdad efectiva entre estudiantes y se garantizaría un servicio público real, a la vez que se evitaría que estudiantes válidos quedaran apartados fuera del sistema por motivos económicos (600 euros puede parecer poco, pero para una economía familiar modesta, con una hipoteca al alza, es un gasto que en muchos casos no puede abordarse). Insisto, no sería necesario subir los impuestos, como tantas veces se ha afirmado.

Que esta medida no se ponga en marcha (al igual que otras que contribuirían al desarrollo de la economía del conocimiento, como la mejora de las becas y la ampliación de su cobertura) se debe a que la política económica del país sigue una línea de corte liberal. Esto obviamente es una valoración personal. Pero si lo que queremos es ser una potencia en investigación y en educación, y no en construcción y en número de hipotecas, la política de este país debería orientarse a gastar más dinero en educación y en investigación, y a dejar de engordar las arcas, sin que estos activos beneficien a la población.

Saludos

Olli

Actualización – 8 de Septiembre, 17h: Comentando este tema, me han pedido que calculase cual sería el gasto para las arcas públicas si se otorgase una beca de carácter universal a todos los alumnos universitarios. En el curso 2006/2007 se matricularon aproximadamente 1.300.000 alumnos. Si esta beca fuera de 1.000 euros, el importe para el estado ascendería a 1.300 millones de euros. Si fuera de 2.000 euros, ascendería a 2.600 millones de euros. El coste combinado de suprimir las matrículas junto con la medida de beca universal para todos los alumnos ascendería a 3.500 millones de euros. A pesar de ser una cifra muy elevada, sería asumible por el estado, y se obtendría un superávit de 12.500 millones de euros.

Corrupción en la universidad española

Miércoles, Agosto 1st, 2007

¿Es la universidad española corrupta? Ciertamente, no es un refugio de constructores marbellíes y políticos malversadores, aunque tampoco es todo lo transparente que podría esperarse de una institución dedicada a la formación de los ciudadanos.

Todo radica en qué entendemos por corrupción. Nuestra amiga la RAE, siempre presta a resolver nuestras dudas existenciales, la define en su cuarta acepción de la siguiente manera:

En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

¿Se da esta mala práctica en la universidad? Sin duda, si bien es cierto que esta no se centra en el aspecto económico, sino sobre todo en el académico. Podemos distinguir tres grupos de prácticas que podríamos definir como corruptas.
En primer lugar tenemos la endogamia del profesorado universitario. Básicamente, esta consiste en el hecho de que los profesores a los que una universidad nombra como profesores titulares (es decir, funcionarios con plaza fija) pertenecen, en nueve de cada diez casos, a un departamento de la misma universidad, han trabajado previamente para esta, o conocen al primo del sobrino del hermano del ex cuñado del rector de turno. Por supuesto, la endogamia no sólo redunda en la calidad de la enseñanza de una universidad, sino en la justicia de los procesos selectivos con los que se nombra a estos profesores. Todos hemos oído hablar de procesos selectivos a medida, nombramientos a dedo, incluso procesos judiciales impulsados por candidatos que, con más méritos, experiencia y formación, han visto como se ha asignado una plaza a un candidato menos cualificado.
Una de las consecuencias de la endogamia es el descenso de la calidad de la enseñanza. Tomemos el ejemplo de Harvard, una de las mejores universidades del mundo, donde la tasa de endogamia (profesores formados en la misma universidad) es del 10%. Es decir, el 90% del profesorado procede de otras universidades. De hecho, en las universidades de fuera de nuestro país, se considera un punto a favor que el candidato se haya formado en otras universidades, mientras que en España, no sólo se da lo contrario, sino que el sistema beneficia al calienta sillas por encima de candidatos brillantes o de currículum profesional y académico excelente.
Al afirmar que existe endogamia, no quiero decir que el profesorado en activo no posea la formación adecuada, ni que la calidad de su docencia sea deficiente. Simplemente, quiero remarcar el hecho de que un proceso de selección equitativo y basado en criterios de objetividad beneficiará siempre al candidato mejor formado y con más méritos, y no a aquel con más contactos. Y como consecuencia de este sistema más equitativo, sí es cierto que la calidad de la docencia mejoraría.

La endogamia retroalimenta la segunda práctica que podemos considerar como corrupta en la universidad española. Los procesos electorales internos pueden calificarse de muchas cosas, pero no de democráticos. Tomemos como ejemplo la elección a rector. En primer lugar el alumnado, que supone una aplastante mayoría dentro de la universidad, sólo supone un 25% del total de los votos. Por otro lado, el 75% restante se reparte entre profesores no doctores y profesores doctores de forma desigual. Por supuesto, el sentido de la votación de muchos profesores doctores (aquellos con mayor peso en el sistema de votación a rector) no se basa en las buenas intenciones ni en el programa del candidato, sino en cuanto dinero esté dispuesto a proporcionar al departamento X, si concederá un cargo de jefe de departamento al profesor Z, o tejemanejes similares. Las corruptelas departamentales a este respecto llegan a extremos ciertamente vergonzantes, cuando se espera de esta elección el mayor bien para la universidad en su conjunto. Si enlazamos esta idea con lo que comentábamos anteriormente sobre la endogamia, un rector que se embarcara en la quijotada de eliminar tal práctica, terminaría su mandato rápidamente, bajo el peso de una moción de censura aplastante, o apartado del cargo por cualquier otro procedimiento.
Por último, la tercera práctica corrupta que podemos distinguir en la universidad es la relacionada con los títulos (si bien esta se da en menor medida comparada con las anteriores). Se dan casos de gestión cuanto menos sospechosa en algunos casos a la hora de emitir títulos propios de universidad, de cursos de formación o similares. Otra versión de esta práctica es la relacionada con el reconocimiento de créditos de libre configuración. Un mismo curso, programa de formación, práctica de trabajo, título de conservatorio de música, o de escuela oficial de idiomas puede ser reconocido por créditos de libre configuración en una universidad, y no serlo en otra. Y en muchas ocasiones, esto no se debe a razones académicas, sino a enemistades entre el rector de turno y el director de conservatorio en cuestión, trapicheos varios a la hora de gestionar el curso, y un largo etcétera.
A pesar de lo ya expuesto, no podemos considerar que la universidad española sea especialmente corrupta (sobre todo comparada con las prácticas que encontramos en otros países). Sin embargo, si es cierto que determinadas prácticas, y determinados procedimientos de funcionamiento interno, deberían ser examinados y replanteados (especialmente los ya expuestos) pues plantean en muchos casos una manifiesta falta de objetividad y de la claridad que se espera de una institución pública que trabaja en el ámbito educativo al más alto nivel, y que si quiere alcanzar los estándares marcados por la reforma de Bolonia y el EEES, precisa de un profundo cambio tanto en las formas como en la estructura profunda de tales prácticas.

Oliver Carreira

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