Archive for the ‘movilidad’ Category

Volver a largarse

Lunes, diciembre 3rd, 2007

Como muchos de vosotros ya sabréis, lo peor del Erasmus, es, sin duda, tener que volver. Cuando llegas a tu país, te das cuenta de que no te gusta nada, todo en ti ha cambiado; ese es el momento en el que empiezas a obsesionarte. Tu único objetivo es volver a largarte, revivir tu experiencia en el extranjero, y eso, al precio que sea Yo conseguí largarme un finde, pero eso no fue suficiente para curar mi agudo post-erasmus, así que aquí estoy, barajando otras opciones. Si todo sale bien, y el encargo de mis convalidaciones así lo desea, acabaré la carrera dentro de seis mucho, como mucho nueve, y la pregunta es, ¿y entonces qué?

Una de las primeras opciones que llama la atención en estos casos es la de volver a irte de Erasmus. No nos dejan irnos de Erasmus dos veces; la segunda vez te vas de free mover. Irse de free mover es básicamente lo mismo, sólo que te dan las plazas que han sobrado, y vas, como bien dice la palabra, por libre. Por lo general no recibes ayuda económica, ni estás sujeto a ningún learning agreement, aunque eso no quiere decir que evites el papeleo, ya que por lo general, conseguir irte de free mover es bastante más difícil (y costoso) que irte de Erasmus.

Otra de las pegas de mi universidad, la de aquí, no la de la Erasmus, es que no nos permiten irnos de free movers, así que una de dos, o me hago otra carrera en otra universidad, o me busco más opciones. Una de las que más me gusta es la posibilidad de pedir una beca. No nos engañemos, hay pocas becas, pero hay. La mayoría, sin embargo, son para estudiantes de últimos cursos, o para licenciados. Aún así, no dejan de ser una buenísima oportunidad para volver a irnos al extranjero. En mi opinión, una de las mejores, es la que convoca el MEC, y con la que nos podemos ir un año a trabajar de auxiliar de conversación a países como Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá o Bélgica, entre muchos otros. Consiste trabajar de «ayudante en clases de español» en institutos o universidades; un trabajo que no suena nada mal, y por el que el Ministerio nos da una ayuda mensual de unos 750 euros.

Si no nos queremos ir un año entero, tenemos la posibilidad de pedir becas por períodos más cortos. Este es el caso de las becas Faro, que ofrecen la posibilidad de realizar prácticas en empresa por períodos que rondan los seis meses. Uno de los requisitos más importantes para solicitar esta beca es que has de estar en los últimos años de carrera, pero no puedes haberla terminado. Si ya es tarde y ya tienes tu título universitario ¡que no cunda el pánico!, porque también hay becas para ti, como por ejemplo, las becas Argo.

Soy consciente de que todo esto suena muy bien, pero mucho mejor suena seguir con la vida de estudiante. Y digo yo, ¿por qué no? ¡Adelante! Las ofertas formativas con las que nos podemos encontrar en Europa son alucinantes. Tenemos desde másters hasta cursos de especialización, sin olvidarnos de los cursos de idiomas, tan necesarios para nosotros. Casi todas las áreas de especialización se cubren en los másters, pero yo, personalmente, me decantaría por alguno de Interpretación, ya que suele ser lo que más se echa de menos durante la carrera.

Por último, quiero hablar de otra solución a esta post-erasmustitis, y es irnos al extranjero sin más. Escapar de aquí y llegar a un país totalmente diferente, buscarnos un trabajillo para ir sobreviviendo, y disfrutar de la experiencia de estar lejos de casa. Puede parecer muy complicado, y en parte lo es, pero salir fuera un mes te hace madurar más que un año en casa, así que ¡adiós a los miedos!, y ¡a vivir la experiencia de nuestras vidas!

Me llamo Aída, y llevo demasiado tiempo sin ser Erasmus.

Movilidad interna

Lunes, abril 23rd, 2007

En la mayoría de casos en que hablamos de movilidad, tendemos a pensar en una estancia en el extranjero, y en programas como Erasmus. Lo cierto es que la movilidad no sólo se da fuera de España, sino también dentro de nuestro país. Este tipo de movilidad no estaría orientada a la puesta en práctica del idioma/s extranjero/s, sino que tendría objetivos más pragmáticos, tales como el acceso a diferentes programas académicos, que según la universidad considerada, varían de forma considerable. No nos llevemos a engaño, no todos los licenciados abordan el mercado laboral con la misma formación, a pesar de los desvelos del Ministerio de Educación.

Básicamente, existen dos mecanismos de movilidad dentro de España. El primero es el programa SICUE-SENECA, que tiene como objetivo facilitar que los estudiantes universitarios puedan seguir sus estudios, durante un período máximo de un año, en una universidad diferente a la habitual. Las ventajas de este programa son el apoyo económico (500 euros mensuales, a los que hay que sumar 120 euros de bolsa de viaje, y la posibilidad de acceder a las becas de movilidad del MEC). Asimismo, SICUE-SENECA facilita (y mucho) el espinoso tema del reconocimiento, en la universidad de origen, de las asignaturas cursadas en la universidad de destino

La segunda posibilidad de movilidad es el traslado de expediente. Esta opción está abierta a cualquier estudiante que haya cursado un mínimo de 60 créditos, si bien las normas de acceso a la universidad de destino varían según el establecimiento educativo considerado. Esta opción es menos atractiva que la anterior, al no existir ningún tipo de apoyo económico o beca. Asimismo, suelen darse problemas a la hora de ajustar asignaturas cursadas y por cursar (especialmente, para las asignaturas obligatorias de universidad). A pesar de los inconvenientes, el traslado de expediente presenta la ventaja de no estar sujeto a régimen competitivo, como sucede con SICUE-SENECA (sólo es necesario que el alumno lo solicite).

Al indicar las posibles vías de movilidad interna, me gustaría hacer hincapié en la oportunidad que ofrecen estas posibilidades al alumno. Como ya hemos mencionado, no todas las universidades ofrecen los mismos contenidos, y sobre todo, las mismas especializaciones de T&I. Así pues, a través de una beca SICUE, o un traslado de expediente, un alumno de, por ejemplo, la UAM; podría especializarse en traducción literaria en la UCO. De la misma forma, un alumno de la UCO interesado en la traducción económico jurídica tendrá opciones similares en la UGR.

En cualquier caso, es importante recordar que la movilidad debe plantearse como una vía de consolidación de conocimientos, y de especialización del alumno. Vía que, en la mayoría de los casos, no es tenida en cuenta ni por el alumnado ni por las autoridades educativas, que deberían invertir recursos y voluntad política en el desarrollo activo de esta.

Un saludo

Oliver Carreira

Programas específicos de movilidad en T&I: LAE (UGR)

Domingo, abril 22nd, 2007

Cuando tenemos en cuenta el factor movilidad dentro de la licenciatura de Traducción e Interpretación, las autoridades educativas, si bien consideran este como elemento fundamental de los estudios, no suelen incluirlo como parte sustancial u obligatoria de estos. Se sobreentiende (como en tantas cosas en el patético sistema educativo español) que los alumnos tienen que buscarse la vida en este aspecto, y suplir a fuerza de buena voluntad y de poderoso caballero las ausencias del estado del bienestar a tal respecto.

La movilidad, como ya indicamos en un post anterior, tiene un coste elevado, tanto económico como humano. Sin embargo, no debemos olvidar que estamos hablando de un elemento fundamental de la formación de los futuros traductores e interpretes. Negando el apoyo a esta, las autoridades comenten el mismo fallo que si negasen un laboratorio de idiomas a una facultad de letras (circunstancia surrealista aunque real, que podemos encontrar en nuestras universidades, y de la que ya hablaremos en próximos artículos).

De los 21 centros universitarios en los que se imparte T&I en España, en 16 no existe ningún programa específico de movilidad (esto significa que las estancias en el extranjero corren por cuenta del alumno, o bien a través de programas de movilidad externos). En los cinco restantes, el panorama no es demasiado optimista. Tanto en la UCO como en la UPO se pueden cursar estancias en el extranjero a través de la asignatura Practicum (12 créditos, una estancia de aproximadamente 3 meses). En la UPF, es obligatorio cursar un período de tres meses en el extranjero. Y en la UAN existe la posibilidad de marcharse durante un año (si bien esta universidad es privada).

De todos estos centros, el único que merece elogio es la Universidad de Granada, que a día de hoy, cuenta con el programa de movilidad específico más importante del panorama universitario español: El Programa Lenguas Aplicadas Europa.

Esta iniciativa se remonta al curso 1989/1990, y cuenta con la financiación, en parte del programa Sócrates. LAE es una opción intracurricular dentro de la Licenciatura de Traducción e Interpretación en la UGR, que consiste en cursar segundo y tercer curso en dos universidades extranjeras diferentes, con tres lenguas para elegir: Inglés, Francés y Alemán. Las universidades con las que la UGR tiene convenio a día de hoy son: Université de Provence Aix-Marseille I (Francia), Liverpool John Moores University y Northumbria University (Reino Unido), y Fachhochschule Kí¶ln (Alemania).

De este modo, el alumno de LAE cursa el 50% de la carga lectiva total en universidades extranjeras, lo que contribuye a que su dominio de las lenguas B y C sea excelente, y se desarrolle de una forma imposible de equiparar mediante equivalentes didácticos cursados sólo en clase. Igualmente, el planteamiento de LAE es un modelo a seguir para la reforma de los títulos de T&I y su conversión en Grados, que en mi opinión deberían orientarse bajo el prisma de Lenguas Aplicadas, con diferentes opciones de especialización intracurricular dentro de los estudios.

A pesar de su grado de excelencia, dos puntos en contra de LAE. En primer lugar, es un programa con numerus clausus, por lo que el acceso a este se basa en pruebas de acceso muy restrictivas, para las que es necesario un dominio previo de la lengua extranjera considerable. En segundo lugar, el programa se halla subvencionado sólo de forma parcial, limitándose a uno de los dos cursos, y con una cuantía similar a la de una beca Erasmus (aprox. 300€/mes).

Obviando estos inconvenientes (ya que cualquier programa educativo siempre está sujeto a mejora) LAE es sin duda una opción apasionante para cualquier alumno que se inicie en los estudios de T&I, y un modelo a imitar por el resto de los establecimientos universitarios españoles.

Un saludo

Olli Carreira

PS: Podéis encontrar más información sobre el programa LAE aquí

El síndrome del Bosnio

Martes, marzo 20th, 2007

Los programas de movilidad son recursos escasos, pues suponen una gran inversión de dinero, tiempo y trabajo. Por tanto, deberían ser tratados como tales. En T&I esto es indiscutible, pues en muchos casos son la única vía para muchos estudiantes de marchar al extranjero y perfeccionar el idioma.

Desgraciadamente, en un gran número de ocasiones, las estancias en el extranjero se plantean como vacaciones (pagadas por los fondos públicos o no) por los estudiantes que toman parte en ellas. En algunas ocasiones esto se debe al propio estudiante en sí (aunque si se trata de un programa pagado por sí mismo, allá el. El problema es cuando este se paga con fondos públicos). Sin embargo, en un gran número de ocasiones, esto se debe a lo que servidor llama el Síndrome del Bosnio.

Este Síndrome hace referencia a la tendencia de todos los estudiantes que, al marchar al extranjero, tienden a formar grupos con otros estudiantes de su misma nacionalidad (o que hablen el mismo idioma). El término fue acuñado por el director de International House Málaga, cuando intentaba vender un paquete vacacional (sin éxito) a este que os escribe. La frase que recoge el meollo de la cuestión es la siguiente:

Olli, cuando te vayas a Londres, a Roma o a París, lo más importante es recordar en todo momento, que si te preguntan, tu eres bosnio. Y si te encuentras a otro bosnio, tú eres de la parte serbocroata. Y si te encuentras con un bosnio serbocroata¦ pues ya tienes mala suerte tronco

Anécdotas aparte, lo importante cuando se marcha durante una temporada a otro país, es que se hace con un objetivo que debe ser muy claro. Lo primero (idealmente) es aprender o mejorar la lengua del país del destino, y después todo lo demás.

Nosotros, españolitos de a pie, tenemos dos grandes inconvenientes que nos predisponen a sufrir Síndrome de Bosnio. El primero es esa vergüenza de hablar en otro idioma, y de que se rían de nosotros, algo indudablemente muy hispano. Esto causa el segundo, que es agruparse en comunidades de hispanohablantes más o menos cerradas, que en muchos casos no tienen contacto con estudiantes de otras nacionalidades.

Como en todo, el Bosnio se da en mayor y menor grado. Hay quien se ha marchado un año a Alemania y ha vuelto con un alemán aun peor del que tenía al partir de la casilla de salida. Y otros que han renegado de hablar español y han conseguido mejorar (de una vez por todas) la lengua en cuestión.

Con esto no quiero decir que, una vez en el extranjero, reneguemos de patria y lengua, como corsarios de la pérfida Albión. Sin embargo, es importante tener en cuenta que se va a aprender un idioma y una cultura nueva, y no las variedades autonómicas del botellón contadas por sus respectivos representantes. No es una cuestión de opciones, sino ante todo de prioridades.

Recibid un cordial saludo de vuestro hermano en traducciones.

Olli Carreira

Destinos alternativos

Lunes, marzo 5th, 2007

Marzo es un mes odioso: llega la primavera, y con ella, esa orgía campestre sensorial de flores, enamorados, animales varios (patitos, abejitas, perritos, conejitos y otras criaturas diminutivizadas), alergia y buen tiempo (y como buen nórdico, no puedo dejar de preferir la nieve a los 30 grados que nos brinda el anticiclón atlántico). Entre tanto horror climático algo bueno debe compensar nuestras pobres vidas de estudiantes de T&I. En este caso, las nominaciones Erasmus.

Hasta la más perezosa de las universidades ha publicado ya la lista de los candidatos que lucharán (con métodos más o menos legales) por una de las plazas que se adjudicarán a lo largo del mes de Mayo. Mientras llega el desenlace de esta tragedia humana, los nominados se platean un gran número de cuestiones existenciales (¿me voy? ¿no me voy? ¿y que dirá mi novio? ¿me comeré algún rosco en Dinamarca? ¿y si no me voy?).

Una de las elecciones, a mi juicio más importantes, es la selección del destino. En caso del inglés (me ocuparé hoy de esta lengua por ser la más demandada) el estudiantado llega a darse de hostias por el mismo destino: las Islas Británicas. Resulta curioso, cuando el lugar no es atractivo en absoluto: su comida no merece tal nombre, su clima es monotemático, sus mujeres son¦ inglesas, sus hombres¦ en fin, no se sabe realmente son hombres. En cualquier caso, la leyenda urbana nos dice que, para aprender inglés, el mejor lugar es Inglaterra.

Falso. Inglaterra no deja de ser un lugar más en el que aprender esta lengua, al igual que México y España son dos lugares igualmente válidos (aunque diferentes) para aprender español. De hecho, Inglaterra no aporta, en muchas ocasiones, una ventaja decisiva a la hora de aprender inglés.

En primer lugar, las universidades británicas suelen hallarse saturadas de estudiantes españoles. Compartir tus clases de ingeniería civil con veinte españoles más no suele ayudar a que tu inglés mejore. En segundo lugar, las variedades de lengua inglesa dentro de Gran Bretaña son más amplias de lo que parece a primera vista. A excepción del posh English que se habla en el sur, en el resto del país un Erasmus puede encontrarse con variedades bastante incomprensibles de la lengua, que en muchos casos no van a ayudar al aprendizaje del idioma (y si alguien duda al respecto, que intente hablar con un taxista de Edimburgo en inglés estándar).

Quizá la razón más importante para no elegir las islas británicas como destino sea que, simplemente, hay otros destinos donde elegir (y en la variedad se encuentra el gusto). En Europa podemos optar básicamente por tres: Países Bajos (que cuenta con el mayor índice de bilingüismo del continente, un 94%), los países escandinavos (Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca), y Alemania. En estos tres destinos la posibilidad de aprender inglés no se limita sólo a las aulas, sino al contacto con los ciudadanos de estos países, que suelen hablar un inglés más que aceptable. Asimismo, existe la posibilidad de aprender más de una lengua al mismo tiempo, puesto que el inglés no es lengua oficial en estos casos, sino que es hablada por una mayoría de la población (aquí la variedad de lenguas maternas entre las que elegir es importante: islandés, noruego, sueco, finés, danés, alemán y holandés). De esta forma, podéis marcharos por ejemplo a Alemania a cursar un programa de Literatura en inglés, mientras practicáis vuestro alemán al salir de clase frente a una cerveza.

La elección de estos destinos alternativos plantea una serie de ventajas, y por supuesto, inconvenientes. El inglés hablado en Escandinavia tiende a una gran corrección, aunque no es la lengua materna de sus hablantes (además de tratarse, en muchos casos, de inglés americano). Todo esto ha de ser valorado por el futuro Erasmus. En cualquier caso, lo importante es remarcar que la posibilidad de elección de destinos es más amplia de lo que puede parecer en un primer momento, y esto ha de ser considerado por los alumnos que tengan una nota menor, menos medios económicos, etc.

¿Es Inglaterra el único lugar para estudiar inglés? ¿Resulta más positivo hacerlo en otro país europeo? Espero vuestros comentarios. Hasta entonces, recibid un cordial saludo de vuestro hermano en traducciones.

Olli Carreira

Cultura de movilidad en España

Lunes, febrero 19th, 2007

Hace unos meses compartía unas pintas con Ashley, guiri despistada procedente de la pérfida Albión, y destinada en nuestro país como profesora lectora para un grupo de alumnos recitadores del verbo to be. Mientras comentábamos lo acertado de su elección profesional (enseñar inglés a españoles debe ser una de las experiencias más terroríficas de la Creación) me expresaba su asombro ante la procedencia de sus alumnos. La mayoría de ellos residía en la misma ciudad en la que se encontraba la universidad. Como mucho, acudían desde núcleos de población cercanos.

En Inglaterra, comentaba con un peligroso descenso en la calidad de pronunciación de sus eses, cuando llega la hora de marcharse a la universidad, te vas a la otra punta del país, lo más lejos posible de tus padres. Sin quererlo, Ashley estaba apuntando a uno de los problemas que, en materia de ideas, aun afecta (aunque afortunadamente cada vez menos) a la universidad española. Porque una vez pasado el trámite de la selectividad, a la hora de elegir establecimiento educativo, se sigue tendiendo a elegir el más cercano. Si la titulación que buscas se encuentra en tu propia ciudad mucho mejor, y de no ser así, lo mejor es alejarse lo mínimo del regazo protector de mamá y papá. De este modo, se evitan problemas logísticos a la hora del envío de provisiones convenientemente congeladas y envasadas en tupperware. Eso sí, reutilizables, que no está el planeta para dispendios climáticos.

Con esta forma de pensar imperando entre los futuribles universitarios, difícilmente nos podemos plantear otro tipo de enseñanza orientada a la movilidad, al intercambio con otras instituciones universitarias, tanto dentro como fuera de ese regazo de europeidad que es la zona Schengen. Si bien experiencias como Erasmus han demostrado que la movilidad es posible, este programa resulta anecdótico dentro del panorama español, pues estos alumnos sólo suponen el 1.42 % de la población universitaria*. Si añadimos a este exiguo porcentaje otros programas de movilidad (intercambios bilaterales, programa ISEP, programa SICUE, etc.) la cifra roza el 3%. ¿Y el 97% restante? Vegeta en nuestras instituciones universitarias. Y aunque es cierto que han mejorado bastante en medios, infraestructura y calidad del profesorado desde los tiempos del Gran Dictador, queda mucho por hacer. Aun más teniendo en cuenta que Bolonia está a la vuelta de la esquina.

Mientras en España este es el enternecedor panorama, en otros países de la Vieja Europa irse de intercambio a otro país entra dentro de lo normal, e incluso de lo exigible por parte de las universidades. En Alemania, los estudiantes de económicas tienen que marcharse, con carácter obligatorio, durante un semestre a otra universidad. En Francia los estudiantes de idioma cursan un año en uno de los países de la lengua estudiada. En los países nórdicos¦ mejor ni comentarlo. En materia de educación, estos países juegan en otra división.

A pesar de esta visión pesimista, debo romper una lanza en favor del estudiantado español, que en muchos casos no se marcha, no ya por falta de motivación, sino por la escasez (paupérrima en ocasiones) de medios con los que abordar las estancias en el extranjero. A día de hoy, y poniendo como ejemplo de nuevo el programa Erasmus, las becas, ayudas, aportaciones y euros varios por parte de las administraciones cubren, siempre en el mejor de los casos, el 70% del coste total. Financiación que por otra parte se recibe con carácter posterior a la estancia. Se ponga como se ponga, poco optimismo podemos hallar en esta materia.

Esta sección del blog va a dedicarse a comentar los problemas relacionados con la movilidad del estudiantado (tanto nacional como fuera de nuestras fronteras). Aunque vamos a señalar los problemas generales en esta materia, nos centraremos ante todo en las deficiencias que presenta T&I a este respecto, en la oferta que encontramos a día de hoy en este campo, y en alguna que otra propuesta, así como sugerencias, para los que quieran marcharse al extranjero.

Nos vemos en dos semanas.

Oliver Carreira

*La información que aparece corresponde al curso 2004/2005. Las estadísticas al respecto pueden encontrarse aquí