Archive for the ‘mi vida sin mi’ Category

¿Y eso qué es?

Jueves, octubre 11th, 2007

¿Cuántas veces os han preguntado que qué estudiáis y habéis cruzado los dedos implorando que por favor entiendan vuestra respuesta a la primera? Seguro que muchas. Ante esta pregunta a veces me han entrado ganas de mentir y decir que estudio otra cosa, por ejemplo, Ingeniería de caminos, porque nadie te pide explicaciones sobre eso, simplemente se callan y piensan “menuda pringá”. El caso es que se presentan muchas ocasiones en las que nos vemos obligados a hacer malabarismos para aclarar lo que estudiamos o tenemos que defendernos del desprecio de algunos. Creo que ya se ha hablado de esto en algún momento, pero yo me voy a extender haciendo una recopilación de situaciones curiosas.

Muchas veces, al responder a la pregunta, te vienen con un “¿Traducción e Interpretación? ¿Y eso qué es?”. Bueno, eso es perdonable, al fin y al cabo la carrera es muy joven y la gente, sobre todo la de cierta edad, no la conoce. Entonces resumes toda tu carrera y profesión en simples frasecitas: “pues yo estudio para traducir” o “yo estudio idiomas” y ya está. Sin embargo, es mucho más divertido cuando te hacen aseveraciones del tipo: “Ah, o sea que quieres ser actriz/vas a doblar películas/lo de la lengua de signos” (este último se acerca un poquito más). Lo que ocurre es que la palabra Interpretación confunde a mucha gente, por eso yo normalmente opto por facilitarme y facilitarles las cosas y decir que sólo estudio Traducción.
También sucede que cuando dices lo que estudias se te quedan mirando con una cara de “menuda mierda” pero te dicen algo un poco más amable, del tipo: “Ah, claro, la carrera de moda”, “pues no sé qué hacéis en la carrera, porque no se puede enseñar a traducir”, “¡Traduttore, traditore!” (esto algún intelectual que sabe inglés y no necesita que se lo traduzcan, pero me pregunto yo qué haría con un libro en alemán o en árabe) y también “pues mi abuelo nunca estudió esa carrera y traducía muy bien”. A esto último siempre he querido responder (lástima que no tuviera la suficiente agilidad) así: “Pues los barberos eran antes cirujanos y tampoco lo hacían mal, pero digo yo que a día de hoy preferirás que te opere alguien que haya ido a la facultad de Medicina”.

De todos modos, en ocasiones te encuentras a alguien a quien le parece genial lo que estás estudiando. A veces por ideas equivocadas como “Sí, sí, qué bien. Porque los idiomas son muy importantes. Para trabajar en una oficina, para guía turístico…” Resulta bastante descorazonador, pero se agradece. La verdad es que yo sólo me he encontrado a una persona que me envidió por hacer esta carrera y que aseguró que sería dificilísimo y que ella nunca podría hacerla. Me alegró el día. En otras ocasiones se dedican a darte consejos, bueno, quizás no ocurra generalmente, pero yo me encontré a una señora que, al decirle lo que estudiaba, me empezó a exigir que estudiase chino porque “es el idioma del futuro, que mira cuantos chinos hay, que nos van a invadir”. Me dio la charla durante media hora y se calló justo antes de que yo le gritase de malos modos que ya sabía que había muchos chinos, que no era tonta, pero que si no me apetecía estudiar ese idioma, no me apetecía.
En definitiva, que o nos hacemos panfletos para repartírselos a todos los que no saben de qué va nuestra carrera, o tenemos agradables charlas con cada uno que pregunta explicándoles los entresijos de la titulación y de la vida profesional, que tampoco está mal socializarse un poco. En fin, siempre será mejor que estudiar Investigación y Técnicas de Mercado, porque… ¿eso qué es?

Mi vida sin mi: expectativas y resultados

Jueves, julio 12th, 2007

Terminó el curso. Hace ya bastante, la verdad, pero es de lo único de lo que se me ocurre hablar ahora que estoy de vacaciones. A todos nos ha pasado igual, por lo visto. Los últimos artículos de mis compañeros han tratado casi todos de cómo decirle adiós a las clases y cómo afrontar el verano. Yo voy a hacer lo mismo, haré también una especie de balance personalizado.

Cómo quizás ya sepáis, éste ha sido mi primer año de carrera, y también mi primer año en la universidad (bendita universidad) así que ya puedo hablar con derecho de lo que es realmente la carrera y la vida universitaria y compararlo con las expectativas que algún día tuve. Por supuesto todo lo que voy a decir es propio y particular, cada alumno que entra por primera vez en la universidad se imagina cosas diferentes. Los hay que se creen que la facultad va a ser en plan película americana: clases enormes en pendiente, profesores guays con coderas y fiestas orgiásticas; no era mi caso. La verdad, yo no me imaginaba el año pasado nada muy distinto a lo que he tenido. Me informé muy bien de la carrera, en parte en forotraduccion (PUBLICIDAD SUBLIMINAL), y sabía que no iba a consistir sólo en aprender lenguas (no es una Escuela de Idiomas) y que no era una licenciatura especialmente matadora. Sobre todo, lo que más esperaba de la Universidad, era encontrar a gente con la que me llevara bien. Tuve un grupo genial en Bachillerato y no quería que ese colegueo acabase. El cachondeo es lo mejor para mantener unida a una clase o un grupo. El cachondeo silencioso mejor (para que el profe no nos oiga). Esperaba también, por supuesto, que los profesores no fueran unos ogros ni las asignaturas imposibles de aprobar (aunque, como ya he dicho, ya había oído que no se trataba de una carrera agotadora); y tenía miedo del papeleo, de que se equivocaran en algo de la matrícula o de que por alguna razón no me convalidaran asignaturas de libre configuración.
Ahora que he hablado de mis antiguas expectativas, es la hora de compararlas con los resultados. Sí, realmente te enseñan poco de los idiomas, al menos en mi caso y sobre todo en la lengua B. Aunque claro, ¿qué van a enseñarnos? Sólo pueden hacernos leer textos para mejorar nuestra comprensión, que es lo que más importa en la Traducción. La verdad, creo que mi inglés ni ha mejorado, aunque esas cosas no se aprecian así como así. Cierto que me noto con más fluidez al hablar, pero quizás sea más bien gracias a Lost y House y Jericho y CSI y todo las series que me trago a lo largo de la semana. En cuanto a la Traducción propiamente dicha (es decir, asignaturas como Teoría y Práctica de la Traducción y Traducción General), dios, qué difícil es. Qué mal lo he pasado con algún trabajo, madre mía. Aún así todavía no me rindo, me sigue gustando la profesión. Las asignaturas de Lengua me han encantado. Yo me creía muy lista en esta materia, creía que ya no había nada que pudieran enseñarme, pero no, señores, hay vida en Lengua después del instituto: la X con barra existe. Con respecto a las otras asignaturas (¿había otras asignaturas?), prefiero no decir nada. En fin, como conclusión apuntaré que me ha resultado bastante fácil este año. Yo, en Bachillerato, estudiaba mucho más. Ahora soy una vaga, qué peligro, cómo el curso que viene se me presente difícil creo que no voy a saber retomar mi extinguida capacidad de estudio. Increíble que haya aprobado todo.
Por último, sólo cuatro puntos a destacar. Un buen aviso para los que entren en la Universidad el año que viene:
No me vuelvo a coger una asignatura difícil de libre configuración.
Vale, hago poco y apruebo, pero mi media es horrible.
¿Un 6,9 es un aprobado? Odio la universidad.
En la universidad, si te sientas en los peldaños de la amplia escalera de la entrada, los celadores NO TE DICEN NADA. Eso es la libertad, señores y señoras.

Dentro de unos pocos meses ya estaré en segundo. Supongo, por las asignaturas que tengo, que será muy parecido a primero. Estoy esperando a ver qué pasa en tercero, que parece más interesante.

Tened un buen verano. Yo no sé si me estoy haciendo vieja o rara, pero la idea de pasar tres meses sin hacer nada me pone enferma, por eso ahora tengo un trabajo y voy a clases.

Un saludo.

Irene Igualada Baeza

Mi vida sin mi: enseñanza bilingüe

Domingo, junio 10th, 2007

Las personas bilingües me dan una envidia terrible. Supongo que a todos los estudiantes de idiomas les pasará lo mismo. Claro, es que tú te pasas X años estudiando un idioma extranjero como una loca y de pronto aparece un niño canijo que sabe más que tú. Uf, dan ganas de estamparlo contra el suelo. Además, también existen los típicos casos de personas cuyo padre es alemán, su madre japonesa, han vivido en Inglaterra diez años, en Barcelona otros diez y acaban sabiendo cinco idiomas, si no más. Pues vale, mis padres son de Madrid y en Madrid he vivido toda mi vida, así que ¡hala! a esforzarse.

Quizás por esto, por la capacidad de los niños pequeños para aprender idiomas (envidia, envidia, envidia), la Comunidad de Madrid (y otras también, supongo) ha implantado y está implantando programas bilingües en colegios públicos. No he encontrado mucha información en Internet, pero creo recordar que se trata de que algunas asignaturas se imparten en inglés y otras en español. Y yo ahora me pregunto: si todos los niños se nos vuelven bilingües, ¿para qué van a querer traductores? PELIGRO, PELIGRO. Con un poco de suerte la formación en el idioma extranjero es tan pobre como he oído y no nos dejan en paro. Me estoy refiriendo sobre todo a los traductores de inglés porque casi todos los centros bilingües enseñan en este idioma, así que los demás estáis salvados.
Por una parte pienso que genial que los niños aprendan perfectamente otro idioma. Si yo tuviera hijos eso seria lo que querría para ellos. Por otra parte pienso, bueno, lo que he dicho antes, que no quiero quedarme en paro. De todas formas, dudo bastante de que los niños de estos colegios salgan bilingües de verdad (tengo poca fe en la enseñanza pública), más bien creo que adquirirán un nivel de idioma muy bueno, lo que también está bien. De este modo, las generaciones futuras seguirán necesitando traducciones de libros y audiovisuales puesto que el ser humano es vago y prefiere leer algo en su idioma que entienda bien a esforzarse en entender otra cosa en otro idioma que también domina pero no perfectamente (aunque esto implique el beneficio de aprender más). Yo misma los libros originalmente publicados en inglés me los leo en inglés, y las series americanas me las escucho también en original, pero algunas veces tengo unas ganas de leer y escuchar todo en mi idioma que no puedo con ellas. Pero bueno, me resisto porque sé que tengo que aprender mucho para dejar mal a esos niñatos bilingües prepotentes de seis años.

Así que, si la enseñanza bilingüe genera personas bilingües de verdad, ¿qué hacemos? ¿Saboteamos esos colegios (y los privados también, por qué no)? ¿O aceptamos la realidad y nos ponemos a estudiar otro idioma que no sea inglés (como chino, por ejemplo, que todo el mundo sabe que es la lengua del futuro)?
Habrá que reflexionar.

Ya termino este artículo. Un poco corto hoy, pero es que tengo que estudiar. Y encima he pillado un catarro¦ en junio, parece que lo hago aposta.

Irene Igualada Baeza

Mi vida sin mi: eldoblaje.com

Jueves, mayo 17th, 2007

Hay una página web que visito bastante, o más bien mucho, por mi eterna e insaciable curiosidad. Es www.eldoblaje.com. Supongo que muchos la conoceréis. No es que yo pretenda hacerme actriz de doblaje ni mucho menos, lo único que pasa es que siempre quiero saber quién dobla a quién y a quién más. En esta página, aparte de foros, información general y ese tipo de cosas, podéis encontrar una gran base de datos de todos los actores de doblaje, traductores, directores de doblaje y ajustadores de los que se tiene constancia en películas, series de televisión, videojuegos, documentales y animación. Son muchos, al final, los que están involucrados en el proceso de doblaje. Es increíble que haya aún gente que confunda el oficio de poner las voces en tu idioma a otros actores con el de traducir lo que éstos dicen, como si tuviera algo que ver. A mí alguna vez me han preguntado si es a eso a lo que me dedico: Traducción e Interpretación, traduces y actúas (?). Bueno, quizás haya algún caso de traductor/doblador, una especie de hombre del Renacimiento, pero me parece rarísimo, la verdad. Aunque, desde luego, estos dos oficios tienen cosas en común: la invisibilidad y que pagan poco (excepto a los dobladores de Los Simpson en EE.UU. que cobran una millonada, a ver si aprendemos del tío Sam).

A pesar de que últimamente veo casi todas las series en inglés (por eso de aprender y tal) siempre me han gustado las voces de doblaje. Quien no está acostumbrado a ellas dice que suenan extrañas, que no parecen naturales y que los labios no casan con lo que dice el actor. Pero si te has criado en una cómoda sociedad antisubtítulos para ti es lo más normal del mundo. Sin embargo, te das cuenta de lo raro que puede resultar una voz de doblaje cuando la oyes en la radio, o ves una serie americana doblada en un idioma extraño (yo vi una vez Friends en checo) o cuando ves una película española doblada en español (no por los mismos actores, sino por otros).
Me paso muchas horas en esta página curioseando quién dobla a quién, si hay continuidad (porque cuando el actor no es conocido le cambian el doblador todo el tiempo) o qué pasó con el que doblaba a Fulanito que ya no es el mismo. Por ejemplo, hay un actor que tiene por costumbre poner las voces en español a mis personajes favoritos de series muy diferentes (Wilson en House, Mulder en Expediente X y Gary Hobson en Edición anterior) y claro, me he llegado a preguntar si va a resultar que es algo subconsciente y no es que me gusten los actores o los personajes, sino la voz del doblador (¿control mental?). También investigo a veces qué ocurre con los actores de doblaje desaparecidos: por ejemplo, los de Catherine Willows (C.S.I.) y Homer Simpson se murieron, pero ¿el que hacía la maravillosa voz del señor Burns hasta hace unos años? Me dio rabia que lo cambiaran porque me encantaba, así que busqué su ficha personal y¦ está retirado¦ nació en 1920. Vale, le perdono que se jubilara.
A partir de la conferencia de Xosé Castro, de la que hablé la última vez, me he fijado también en los traductores de las series (de películas no, la verdad, es que yo soy más bien de tele, desgraciadamente). Me ha sorprendido que solamente exista uno por serie (por regla general) teniendo en cuenta la cantidad de años que éstas pueden llegar a durar. Bueno, quizás sólo nombren a uno pero en la realidad trabajen más. Me ha llamado en especial la atención una mujer que ha traducido muchísimas series importantes y varias de mis favoritas: María José Aguirre de Cárcer, podéis consultar sus datos en eldoblaje.com. Además de haber trabajado con una gran cantidad de películas destaca su labor en las series Futurama, Los Simpson, Perdidos, Expediente X, Seinfeld¦ Increíble. Qué envidia. No sólo hace un buen trabajo (por lo que recuerdo, porque cuando veía Expediente X no me fijaba mucho en los falsos sentidos, la verdad, era muy inocente aún) sino que ha tenido la oportunidad de trabajar con esos programas y que le paguen por ello. Ahora circulan muchas series subtituladas por fans en la red: algunas traducciones están bien, otras son horrendas. Eso sí que es devoción. O más bien friquismo (yo lo escribo con q), ¿pasarse horas transcribiendo y traduciendo, supongo que sin guión original, sólo por amor al arte? Sí, purito friquismo.

Espero que no le quiten el trabajo a personas como esta traductora (lo dudo mucho) de la que, por cierto, hago oficial en este instante su club de admiradores, miembros: yo.

Un saludo.

Irene Igualada Baeza

Mi vida sin mi: adaptaciones en la traducción audiovisual (Crónicas del ENETI)

Miércoles, mayo 2nd, 2007

En primer lugar quiero disculparme por mi metedura de pata de la semana pasada. Ya me lo decía mi mamá: hay que contrastar datos. En cualquier caso, gracias por sacarme de mi error. La traducción finalmente estaba bien (según el profesor) así que, al menos, no resultó ser malo nuestro método.

En este artículo voy a reflexionar un poco sobre la traducción audiovisual a partir de la última e interesante charla de Xosé Castro en el ENETI.

Como ya anuncié, la semana pasada fui a Alicante para asistir a las conferencias del Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación. La playa no se me insinuó mucho, así que pude ir a todas las charlas¦ bueno, a casi todas, porque lo que sí se me insinuó fue el césped de la Universidad de Alicante. Por cierto, cuál fue mi sorpresa el primer día al encontrarme un papelito sobre Tradublog dentro de la carpeta que nos había regalado la organización. La verdad es que lo primero que pensé fue: «¡Pardiez! Con esta publicidad más gente va a leer mi gran error del último artículo». Pues bien, a lo que iba, el encargado de la última conferencia fue Xosé Castro que habló sobre traducción audiovisual. Fue la charla más divertida, imaginativa y aclamada de todas. No es que esto sea siempre bueno, puede una charla resultar muy amena y a la vez estar desprovista de información importante. En este caso no fue así: no sólo nos dejó el conferenciante con buen sabor de boca para el viaje de vuelta, sino que nos llenó la cabecita de información útil sobre traducción audiovisual y otras cosas (como un programa de ordenador, de cuyo nombre no puedo acordarme, para convertir los ingresos brutos de un traductor autónomo en ingresos reales).

Xosé Castro nos habló un poco de su carrera. Nos contó que él fue el traductor de Chicho Terremoto (no sé si os acordáis de esa serie, trataba de un niño más salido que Shin Chan que se ponía las bragas de una amiga en la cabeza) y eso me llamó la atención porque esa serie es la que siempre pongo de ejemplo cuando se habla de adaptaciones culturales. En aquella serie de mi infancia no sólo cambiaban los nombres propios japoneses por otros españoles (lo cual era muy normal) sino que, incluso, trasladaban a los personajes a Barcelona (no estoy muy segura de esto último, pero si no fue en esta serie, sería en otra). Cuando, de mayor, me di cuenta de esos cambios me hizo bastante gracia. Antes era normal hacer adaptaciones culturales en los dibujos animados, no tanto en los americanos pero sí en los japoneses, quizás porque la cultura oriental nos resultaba más extraña. Ahora ya no se hace eso, los nombres se quedan igual y los lugares también, desde luego. Supongo que ciertos datos sobre la cultura japonesa se han acoplado definitivamente a nuestros conocimientos generales con el paso de los años y un niño ya comprende de primeras que esa gente tiene nombres raros porque vive muy muy lejos. Con las series de EE.UU. ocurrió lo mismo: antes se adaptaban los nombres (Pedro Picapiedra, Súper Sónico, Piolín, Pierre Nodoyuna (aunque no Tom y Jerry)). Ahora su cultura se ha enraizado tanto en la nuestra que ya casi nunca se adaptan los nombres. Por ejemplo, Homer Simpson se llama igual¦ en España, porque en el doblaje español de América lo llaman Homero. Tenéis que ver las discusiones que se montan en Youtube justo debajo de los videos con este doblaje: unos cuantos españoles imbéciles se mofan del acento mejicano (o una especie de acento neutro para toda la América latina, no estoy segura) y los americanos se defienden insultando el doblaje español, luego empiezan los insultos racistas por ambas partes y¦ bueno, al final llegas a la conclusión de que en todas partes hay estúpidos. Por cierto, los insultos mejicanos son de lo mejorcito, muy descriptivos, no los reproduzco aquí porque hay niños delante.

En fin, me he ido un poco por las ramas. Yo sólo quería decir en este artículo lo mucho que me gusta y me interesa la traducción audiovisual (he llegado a pasarme tardes enteras mirando esta página: http://www.eldoblaje.com/) y lo buena que fue la charla de Xosé Castro. Aunque, desde otro punto de vista, ya podría él no haber sido tan divertido, seguro que las cien personas que había en la sala volvieron a su casa queriendo ser traductores audiovisuales¦ mierda, me van a hacer la competencia.

Un saludo.

Hoy es fiesta en Madrid, me voy a vestir de chulapa para ir a bailar un chotis a la Plaza Mayor, je, je.

Irene Igualada Baeza

Mi vida sin mi: 5 céntimos más

Jueves, abril 19th, 2007

Recientemente he tenido que hacer un trabajo en grupo para mi clase de Traducción general. Consistía, simplemente, en elegir un texto no muy extenso, traducirlo y presentar esa traducción en el aula comentando sus dificultades y problemas. Primero, tradujimos cada uno el texto a nuestra manera y tranquilitos en casa; y luego, pusimos en común nuestra labor para escribir una traducción definitiva. ¡Menuda hazaña! Creo que tardamos unas 20 horas (no seguidas, claro, somos alumnos aplicados, pero humanos al fin y al cabo) en darla por terminada. La verdad es que no llegamos a un acuerdo en todo, pero nos cansamos de discutir. Supongo que muchos sabréis lo que es esto: «yo creo que mejor parte», «yo creo que mejor zona», «vale, vamos a mirarlo en el diccionario», «pone que en este caso es zona», «¿zona?, estos de la RAE no tienen ni idea. Vamos a mirarlo en Google a ver cuál de las dos obtiene más resultados», «¿En el Google? ¿Pero qué dices?». Aunque aún peores son las discusiones sobre gramática: «se mata gente», «no: se mata a gente», «pero qué decís: se mata a la gente», «pues, ¡ala!, al diccionario», «em, pero esto aquí no viene», «pues al Panhispánico de dudas». Horas y horas pasamos rodeados de diccionarios (bendito Panhispánico de dudas, por cierto) pero llegó un momento en el que parecía que nos habíamos quedado ciegos o que se nos había olvidado leer. Sólo veíamos ambigüedades rodeadas de espacios en blanco; o todo era posible, o todo era imposible. Así que decidimos que teníamos que buscar un sistema para resolver esos casos de estancamiento intelectual. Nos decantamos por uno muy simple: más palabras, más dinero.

Consideramos el texto como un encargo real por el que nos pagarían por palabras y, de este modo, cada vez que llegábamos a una encrucijada, nos decantábamos por el camino más largo. Así pues: directamente (?), mejor: de una manera directa (+ 15 céntimos); un coche teledirigido (?), un coche a control remoto (+ 10); la casita está junto a la montaña más predominante (?), la pequeña casa se encuentra al lado de la montaña que destaca sobre las otras (+ 30)¦ Todas estas cuentas considerando un valor medio de 0,05€ por palabra, claro. Fue muy divertido, la verdad, y muy útil; aunque supongo que cualquier otro sistema de decisiones hubiera sido igual de válido. Al final por la traducción deberían habernos pagado unos 42,20€, pero, en fin, era sólo para clase. Además, ¿42,20€ entre 4? Qué miseria. Mejor hacerlo por amor al arte.

Todo esto me ha llevado a preguntarme si algunos traductores harán algo parecido: añadir palabras al texto traducido para ganarse uno centimillos. En fin, si alguien hace eso es que es un rácano, pero es que de 5 céntimos en 5 céntimos se paga uno la hipoteca, al fin y al cabo. Ya me imagino a un traductor de renombre en una oscura habitación, echado sobre una mesa con una potente luz sobre él, escribiendo y tecleando una calculadora que tiene a su lado: «si pongo con certeza en lugar de ciertamente, ya tengo 5 céntimos más para las vacaciones (o para el coche o para frenar el cambio climático)». De todas maneras no creo realmente que alguien se dedique a hacer esto, sobre todo si, al añadir palabras, cambias el significado del original o le das un estilo no apropiado o una sintaxis extraña. Por mi parte, he de decir, que cuando tuvimos que tomar la decisión de elegir la construcción más larga, nunca fue con intención de inventarnos el texto, sino para terminar una disputa. Somos muy éticos. También somos muy cabezotas.

Ya concluyo este artículo. Espero que si aplicáis nuestro sistema antidilemasexistencialesquenoshacengritarnosdurantecincohoras lo hagáis con propiedad. Asimismo espero que os compréis una calculadora de bolsillo. Debería ser también parte del equipamiento de un traductor: diccionario monolingüe, diccionario bilingüe, gramática, diccionario de sinónimos, Trados, café y calculadora.

Un saludo.
El lunes me voy a Alicante, al ENETI. Espero que la insinuante playa de San Juan no me seduzca ni me atraiga lejos del congreso.

Mi vida sin mi: Extracurricular (II)

Sábado, marzo 31st, 2007

La última vez hablé de la actividad extraescolar a la que nos dedicamos más a menudo los estudiantes de Traducción: los idiomas. Sin embargo, existen otras varias materias en las que podemos gastar nuestro tiempo y, aunque en principio no parezca que tienen mucho que ver con nuestra carrera, queremos dedicarnos un poco a ellas.

En primer lugar, ya que hay que completar ciertos créditos de libre configuración, lo más sensato sería elegir alguna asignatura, curso o seminario que nos interese y que, además, nos permita ventilarnos esos créditos. Hay para todos los gustos. Cuando me matriculé en la universidad me fascinó (por decirlo finamente) la cantidad de asignaturas «raras» a las que puede apuntarse uno. Tardé en decidirme. Tardé todo el verano en decidirme. Deseché los idiomas (como el seductor Finés) por motivos que ya conté anteriormente y al final me quedé con un par de asignaturas de Filología Clásica que, al igual que apasionantes son también pesadas (a mí entender), pero aún no me he rendido. No sé si en todas las universidades te dan la opción de cursar este tipo de asignaturas en el primer ciclo, yo hablo sólo por mi experiencia en la Autónoma de Madrid. Supongo que no será tan fácil para los que vayan a facultades de Traducción muy alejadas del campus principal. No me he dedicado a investigarlo, la verdad. Se puede encontrar de todo: asignaturas y seminarios de todos los colores, formas, sabores, olores y hedores. Por ejemplo: «Pensamiento griego clásico y cómo acabar con él», «U2 y Schopenhauer», «Movimiento minimalista: un boli bic y ya está», etc.
Si quieres salir de la universidad de una vez y formarte (o divertirte) por tu cuenta, hay muchos cursos que organizan los ayuntamientos en los centros culturales, escuelas de música, casas de la juventud, universidades populares¦ Si estás bien informado de lo que se oferta puedes encontrar algo que te interese, aunque el horario no siempre te va a venir bien (no se puede tener todo). Yo durante un tiempo (un corto, corto tiempo, más bien) asistí a clases de pintura en un centro cultural y, últimamente, he estado aplicando aquella experiencia a la traducción ya que «esto no es una pipa» amigos míos, por lo tanto «a pipe» no tiene por qué ser «una pipa»¦ da que pensar. También aprendí en esas clases mis primeras palabras en alemán: Der blaue Reiter y Die Brücke (bendito Expresionismo). En cualquier caso, la cultura siempre nos viene muy bien: cuanto más sepamos menos tendremos que documentarnos, cuanto menos nos documentemos más tiempo ganamos y, cuanto más tiempo, más dinerito, o simplemente más tiempo libre (pero es que el tiempo es oro)
Existen también otro tipo de actividades anexas a ciertas asociaciones. Si te gustan los pájaros, te unes a la Sociedad Española de Ornitología; si te gustan los líquenes, a la Sociedad Española de Liquenología; si prefieres a los toros, a la Sociedad Antitaurina Europea; y si no te gusta nada de esto, pues montas tu propio club en el que no puedan entrar chicos o algo así. Lo importante es poder dedicarte a tus aficiones, conocer a colegas, pasártelo bien y (aunque quede un poco cursi) aprender algo.
Por último, digo yo que me toca comentar algo sobre los deportes: si queréis hacer ejercicio, pues lo hacéis, pero a mí nadie me va a obligar a ello. En fin, no debo ser tan dura con los deportistas, ya se sabe: «Mens sana in corpore sano». En cualquier caso, haced el favor de practicar un deporte de verdad, como correr, nadar o jugar al fútbol, porque: pilates (?), bodybalance (??), just pump (???)¦ ¿qué es todo eso, por Dios? O mejor aún, practicad «sillonbol» que al menos no causa agujetas.

Un saludo y feliz Semana Santa. Recordad que estamos en abril, no en agosto, así que no volváis de las vacaciones quejándoos de que os ha hecho mal tiempo.

Irene Igualada Baeza

Mi vida sin mi: Extracurricular

Jueves, marzo 15th, 2007

Ya comenté que, a pesar de tener horario de tarde, todos los días tengo algo que hacer por las mañanas (relacionado o no con los idiomas). Se dice que los traductores (o futuros traductores) somos curiosos y que, debido a esto, y a la naturaleza de nuestra profesión (o futura profesión) ganamos siempre al Trivial, al Scattergories, al Tabú o al Palabras Cruzadas. Incluso alguno del gremio ha ganado algún que otro concurso cultural de la tele (ahora mismo me acuerdo de un tal í“scar que permaneció unos 70 programas en Saber y Ganar). En definitiva, esta curiosidad y ganas de aprender de otras disciplinas me lleva a mí y a muchos de mis compañeros a experimentar materias diversas.

En primer lugar, los cursos extraescolares más comunes entre estudiantes de Traducción son los de idiomas. ¿Quién no se ha llenado de entusiasmo pensando en la cantidad de lenguas extranjeras que uno puede aprender? ¡Japonés! ¡Ruso! ¡írabe! ¡Chino! ¡Finés! Ahora mismo, de sólo pensarlo, me entran ganas de correr a una librería y hacerme con un manual de gramática de cualquiera de estos idiomas y estudiármelo, a ver si soy capaz de aprender algo autodidácticamente por una vez. Por esto, precisamente, más nos vale aceptar de antemano que no somos superhéroes y que no podemos compaginarlo todo. Aunque claro, si voy a Chino de 9 a 10 y salgo cuarto de hora antes, quizás me de tiempo a llegar a írabe en la otra punta de la ciudad los lunes y miércoles; además, si no como los jueves, puedo ir a tres horas de japonés intensivo para permitirme una hora libre los martes antes de mis prácticas de conversación de Checo. Me mareo de sólo pensarlo. Mejor conformarme con las clases extras a las que es humanamente posible asistir. Quién tuviera el reloj aquél que consigue Hermione en el tercer libro¦

En fin, yo me he centrado tan sólo en otro idioma fuera de la universidad, como mis compañeros (aunque alguno se atreve con dos lenguas, pero no más). No descarto, de todas maneras, estudiar otros idiomas más adelante. El ruso, por ejemplo, me atrae. Espero tener tiempo más adelante para aficionarme a él. Por cierto, ¿qué fue de la Universidad í‰lfica que iban a construir en la sierra de Madrid junto con un parque temático sobre Tolkien? Juré hace año y medio que cuando la inauguraran allí iba de cabeza y pienso mantenerlo. Quizás si consigo un título puedo especializarme en traducción castellano-quenya y así amplío horizontes profesionales hacia el mercado de los juegos de rol¦ Dejando aparte las bromas, creo que, aunque a los estudiantes de Traducción nos interesen mucho los idiomas, deberíamos centrarnos en uno sólo de momento. Es mejor anclar las bases de los estudios traductológicos primero, que ya habrá tiempo para lo demás.

En cuanto a cursar idiomas fuera de la Universidad (ahora toca un poco de información objetiva), supongo que casi todos nosotros sabemos buscarnos las castañas. Lo más fácil y común es acudir a una Escuela Oficial de Idiomas. Las hay en casi todas las ciudades pequeñas y, en las grandes (como en Madrid capital), se puede encontrar un gran abanico de lenguas para elegir. En las EOI los precios son públicos y suponen una gran ventaja frente a las academias privadas. No obstante, sólo unas pocas imparten clases por las mañanas, algo que a mí me viene muy mal. Otra opción para estudiar idiomas son las academias privadas que he nombrado antes. Hay que tener cuidado a la hora de elegirlas, aunque si uno es bastante trabajador y autodidacta se apañará con lo que sea. Yo me fío más de las conocidas y de las que ofrecen títulos válidos internacionalmente (como las que ganaron el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2005: Alliance Franí§aise, British Council y Goethe Institut, entre otras). Son bien caras, claro. Como he dicho antes, si eres trabajador, puedes arreglártelas con cualquier tipo de curso e, incluso, avanzar un poco en el idioma por tu cuenta. Por último, la tercera opción para estudiar idiomas fuera de la Universidad no se aleja mucho de ella. Normalmente se pueden cursar lenguas extranjeras como asignaturas de libre configuración e incluso algunas universidades tienen departamentos exentos para ayudar a cualquier estudiante a mejorar su segunda lengua, a no olvidarla, o a aprender una nueva (aunque en muchas ocasiones estos departamentos se centran tan sólo en el inglés).

Concluyo ya este artículo sobre cómo estudiar otros idiomas fuera del programa curricular de Traducción. La próxima vez hablaré de lo que algunos estudiamos o practicamos fuera de la carrera, y que nada tiene que ver con ella, ni con los idiomas.

Un saludo.

Irene Igualada

Mi vida sin mi: En el metro

Jueves, marzo 1st, 2007

Tras una incesante pelea con la almohada, consigo levantarme de la cama a las ocho y media. Entonces, durante la media hora que tardo en despegarme las legañas, escucho la radio e intento adelantarme a los intérpretes cuando traducen las palabras de los políticos internacionales. No hay manera, nunca lo consigo. Renuncio definitivamente a la interpretación.

Salgo de casa pitando. Aunque el rectorado me haya bendecido con un maravilloso horario de tarde, siempre tengo otras cosas a las que dedicarme por las mañanas (tengan o no tengan que ver con los idiomas y la traducción -algo hay que poder poner en el apartado «Otras actividades» de un curriculum-). Entonces comienzan mis aventuras en el transporte público. A pesar del coñazo que es vivir a más de tres cuartos de hora de cualquier lugar habitable (mejor ni menciono lo que tardo en llegar a la universidad), a veces me doy cuenta de lo que se pierde la gente que vive cerca de la facultad, o los que tienen una habitación en la residencia que les permite incluso ir caminando a clase. El transporte público es un cajón de anécdotas a 50 km/h, y, gracias a la precariedad de los países más pobres, un método muy original de aprender idiomas, por así decirlo.

Hay tres cosas que se pueden hacer mientras viajas en metro: leer, estudiar o escuchar música. También puedes dedicarte a sus variantes, es decir: fingir que lees, fingir que estudias o fingir que escuchas música. Yo suelo practicar esto último, y he de decir que soy muy buena en ello (tengo ciertas tácticas), pero reconozco que debería aprovechar esos momentos para estudiar, visto lo visto, y no para hacer el tonto. Cuando finjo hacer todo lo anteriormente mencionado en realidad me dedico a escuchar conversaciones ajenas (curiosidad de traductora) siempre y cuando se hablen en otro idioma. Como comprenderéis no tengo ningún interés en el único idioma que ya domino. Aunque he de decir que, a menudo, me quedo fascinada por algunas palabras o expresiones que pronuncian algunos supuestos hablantes castellanos. Incluso he pensado seriamente en hacerles un estudio sociolingüístico-fonético-filológico-saussuriano alla Chomsky como proyecto de fin de carrera o algo así. Bueno, eso ya se verá. En cualquier caso, aunque me dedico a pegar el oído a conversaciones que no debería escuchar (a veces se oye cada cosa), nunca me sirven para entenderlas el inglés, francés o alemán (el primero que puedo chapurrear más o menos decentemente y los otros dos con los que soy capaz de decir cosas como: «Disculpe, ¿dónde está el banco?» o «A Pedro le gusta más el pescado que a Juana, pero a Juana le gusta la pizza tanto como a Pedro»), al fin y al cabo estos no son precisamente los idiomas que habla la gente que viene aquí a trabajar. Así que no me extrañaría descubrir un día a la salida del metro que puedo hablar fluidamente el swahili, el árabe o el rumano. No sé por qué la gente se queja tanto del multiculturalismo, a mí sólo me aporta beneficios. Ayer mismo aprendí cómo se dice «se alquila habitación» en rumano al leer los anuncios de una parada de autobús: í®nchiriez camerí .

A pesar de todo, de vez en cuando sí oigo conversaciones en inglés, sobre todo a medida que me voy acercando a la universidad. Así que las escucho como quien no quiere la cosa mientras paso las páginas de mi manual: Errores más comunes en la traducción directa Esperanto-Código binario. Cuando el metro se para (bendita Línea 6) y por los altavoces suena la consabida frasecita: «Metro de Madrid informa que: debido a causas ajenas a Metro, el servicio entre la estación tal y la cual de la línea pascual estará interrumpida en un tiempo estimado en más de quince minutos». Obviad los errores gramaticales. El caso es que entonces llega mi oportunidad de practicar la lengua inglesa. Es un poco arriesgado limitar mis clases prácticas a estos sucesos eventuales, pero al menos es más barato que irse al extranjero. «Pero, ¿qué ha dicho? ¿qué ha dicho?» exclaman los pobres guiris (estudiantes y turistas) sacando sus móviles-traductores de quinta generación. No obstante allí estoy yo para ayudarles. Pongo los brazos en jarra cual Superman y les suelto: «He has said that¦ (¿?)» Vaya, la traducción inversa es demasiado difícil para mí.

Esta sección del blog está dedicada a lo que hacemos los estudiantes de traducción cuando no estamos en clase o estudiando. Como habéis podido observar en esta ocasión me he dedicado a escribir casi solamente sobre el transporte público, pero cualquiera que viva en una gran ciudad comprenderá que realmente la mitad del tiempo fuera de casa o de clase lo pasamos allí.

Un saludo.