Archive for the ‘general’ Category

Sobre tradublog.com

Martes, diciembre 18th, 2007

Este blog sólo existe a efectos de archivo del proyecto tradublog.com, que no va a seguir siendo continuado. Esperamos que la información que aparece en este blog-archivo os sea de utilidad.

Un saludo

Oliver Carreira

Administrador y coordinador de tradublog.com

Ahora os toca a vosotros…

Jueves, diciembre 6th, 2007

Estaba yo dándole vueltas a lo que iba a escribir en este artículo. Tantas vueltas le di, que me pasé de día para publicarlo, y aquí estoy un día más tarde de lo previsto.

También es cierto que ayer, por primera vez desde que acabé la carrera, me mandaron una prueba de traducción de una agencia para traducir textos científicos y técnicos, así que me pasé toda la tarde con un texto sobre coches, cosa que me apasiona, pero me cansa mucho, ya sabéis el trabajo que dan. Puede ser una excusa, pero no quiero culpar a nada ni a nadie por tener yo una cabeza de chorlito.

Eso, le estaba dando vueltas aún ahora y me dije ¿por qué no hacer un artículo donde los comentarios sean el propio artículo? Esto, que conste, lo estoy haciendo sin consultarlo con el moderador. Espero que no le parezca mal.

Y ahora os preguntaréis sobre qué tema van los comentarios. Pues me pareció interesante que dejéis vuestra opión sobre la Universidad en la que estáis estudiando. Para retomar un poco la temática que he desarrollado en los dos artículos anteriores, los malos rollos, la increíble burocracia, la situación de la facultad… algo así.

Me parece interesante para conocer un poco las facultades de TeI de España, o del mundo. Por eso os pediría que indicarais la universidad.

¡AHORA OS TOCA A VOSOTROS! :-o
Vanessa

Y tú, ¿Qué papel desempeñas en los trabajos en grupo?

Lunes, noviembre 26th, 2007

Una de las realidades a las que cualquier universitario, independientemente de la titulación que estudia, se ha de enfrentar a lo largo de su formación son los “maravillosos” y “queridos” trabajos en grupo.

Es bastante curioso cómo desde hace algunos años, quizás debido a las reformas que el proyecto Bolonia está trayendo consigo y a los nuevos métodos de trabajo puestos en práctica en las empresas, los trabajos en grupo proliferan cada vez en las aulas y en los programas de las asignaturas.

Esta realidad, que a algunos puede agradar e incluso aliviar, pues no se tendrán que enfrentar solos a los intríngulis de las prácticas de clase, a otros les horroriza y provoca enormes dolores de cabeza.

Los trabajos en grupo o en equipo dan lugar a situaciones y experiencias tan variopintas, surrealistas, y a veces tan inverosímiles que, en ocasiones, las anécdotas que contamos parecen sacadas de películas de Hitchcock.

Muchos tiemblan en el momento en el que el profesor anuncia: “haremos prácticas en grupo”. Las preguntas que entonces se te cruzan por la mente suelen ser del tipo “pero, ¿quién los organiza tú o yo?”, “si los organizas tú, ¿será por orden alfabético?, o ¿nos vas a distribuir según nos hemos sentado hoy en clase?”, entonces, inmediatamente después miras a tu alrededor y empiezas a maldecir tu mala suerte por estar rodeado de los más incompetentes, de los que siempre pasan del tema o de aquellos que te caen peor que un grano en el trasero, (es en estos casos, en los más inoportunos, en los que la ley de Murphy siempre hace acto de presencia).

Quienes suelen llevar peor el tema del trabajo en equipo son los alumnos más independientes y también los más perfeccionistas. Estos últimos, a veces, llegan al extremo de llevarse casi todo el trabajo a casa y hacerlo ellos mismos con tal de que el resultado final esté tal y como les gustaría. El problema surge en el momento en el que en un mismo grupo encontramos a dos personas igual de perfeccionistas pero con maneras distintas de trabajar; el trabajo entonces se convierte en una auténtica lucha entre titanes y un forcejeo por ver quién consigue dejar una mayor y mejor impronta en la práctica.

Los hay que pasan del tema y que, como se suele decir en Román Paladino “chupan del bote todo lo que pueden y más”. Son aquellos que o bien se cruzan de brazos y miran mientras los otros trabajan, o bien los que esperan a que los demás les digan lo que tienen que hacer o los que directamente no aparecen por las reuniones de trabajo sin ni siquiera molestarse en avisar.

Otros, en cambio, se entregan en cuerpo y alma al grupo y al trabajo, escuchan a todos y a todos dan importancia, no hacen nada sin consultar y sin contar con la aprobación de todos y cada uno de los miembros; éste sería el caso del compañero ideal de trabajo. Como veis, de todo hay en la viña del señor ;-) .

Con esta variedad de compañeros, las experiencias, como se decía anteriormente, también son muy distintas. Si comenzamos por las más frustrantes tendríamos que hablar de las dificultades para quedar (encontrar día, hora y lugar); la no asistencia a las reuniones de grupo; la no presencia, y ésta es peor que la anterior, a clase el día de la presentación de la práctica; las madres que obstaculizan el desarrollo de los trabajos y no te abren ni siquiera la puerta de su casa para darte un trabajo que a su hija se le olvidó enviarte antes de marcharse de viaje (y sí, esto me ha ocurrido ;-) ); los ordenadores de la facultad que no funcionan y a nadie se le ocurrió traer el portátil etc.

Sin embargo, no todo es malo cuando hablamos de trabajos en grupo, también hay momentos que al recordarlos nos hacen esbozar cuando menos una leve sonrisa, como por ejemplo, los ratos de risa y cachondeo con los compañeros que precisamente suelen coincidir con los momentos de mayor estrés y ansiedad; las reuniones que acaban convirtiéndose en terapias de grupo en toda regla (y es que nunca viene mal desahogarse con las personas que durante nueve meses al año ves más de 8 horas diarias); la increíble capacidad de resolución que existe cuando se produce algún contratiempo y el saber que tienes siempre alguien ahí con quien contar para acabar la práctica.

El trabajo del traductor en empresas y en agencias de traducción está marcado por esta constante: el trabajo en equipo, y aunque siempre haya un miembro del grupo responsable del encargo (el llamado project manager o coordinador del proyecto), todos sus componentes tienen que aprender a trabajar en conjunto. Esto entre otras cosas implica: ser responsable y cumplir con el trabajo encomendado y sobre todo con los plazos de entrega; hacer bien el trabajo, es decir, no hacerlo por cumplir; saber ceder y aceptar las ideas y decisiones que se tomen en conjunto; saber delegar, pues ni siquiera los más perfeccionistas y trabajadores pueden hacer todo solos y por supuesto saber confiar en los demás.

En definitiva, saber lo que significa y poner en práctica la palabra “compañerismo” y no pensar tanto en nosotros mismos y mucho más en los demás y sobre todo en el trabajo que hay que presentar.

Un saludo

Inma

“No lo dudes más…”

Sábado, noviembre 24th, 2007

Antes de empezar me gustaría destacar uno de los artículos que publicó nuestra compañera Aída no hace mucho: “Titulitis española Vs Gap Year europeo“; me parece muy acertado. Y es que ese afán nuestro por acabar los maravillosos años universitarios y por acumular títulos se convierte en un círculo cada vez más vicioso. Al acabar el bachillerato hay que elegir “bien y pronto” la carrera -profesión- de nuestro futuro, y nada más empezarla hay que intentar acabar lo antes posible, y para ello uno debe renunciar a todos los demás placeres cotidianos o aspiraciones para las que pensamos que ya habrá tiempo después (…). E incluso, a veces uno no puede disfrutar como quisiera de lo que eligió, porque resulta que la asignatura que parecía tan interesante se convierte en mero trámite con plazos y enrevesadas formalidades para alcanzar una nota que nada tiene que ver con lo esperado.

Pues bien, a esas aspiraciones quería referirme: tales aspiraciones pueden variar en tamaño y forma, en tiempo y dinero, en olores, en sabores, y en lugares a los que quizá ya no volveremos. Pero todas esas formas, sabores y lugares quedarán en nuestra experiencia -aunque no tengan título ni nombre-. Esa vena creadora, ese gusto por la cocina, la fotografía o el bricolaje o esa inquietud por la electrónica que nos permitió por un tiempo ser “el manitas de la casa”. Ese sueño de ir a París, a Japón o a la India, de conocer otras culturas, de experimentar la vida desde otra perspectiva, de conocer, de fascinarse con todo lo diferente (y no quedarse extrañado con esa cara boba…). Para todo esto no habrá tiempo después de acabar la carrera, porque cuando así sea pensaremos en otras cosas: buscar un trabajo estable que nos permita ganar el dinerito que tanto hemos anhelado como estudiantes o encontrar un pisito para poder independizarnos, entre otras tantas cosas.

Así que “No lo dudes más… y vete”. Para el traductor o intérprete es aún más importante -yo diría imprescindible- adquirir estos conocimientos. Y me refiero ya no tanto al bricolaje sino a esos viajes -a veces simplemente una lectura-. Movilidad, diversidad, apertura, conocimiento; lo desconocido, lo diferente, lo posible y lo imposible; el otro, los modos y las maneras. En definitiva, esa curiosidad innata del traductor.

Existen muchas posibilidades para los estudiantes y ya no tantas para los licenciados, así que hay que aprovecharlas. Por ejemplo la beca Goya-Leonardo, financiada con el apoyo de la Comunidad Europea y promocionado por la Universidad Pontificia Comillas, es una opción muy recomendable. Permite realizar prácticas en una empresa extranjera durante 3 meses y puede ser reconocido y convalidado por la universidad donde se realicen estudios[1]. Sólo hay que buscar una empresa que nos ofrezca una oferta de prácticas y ponernos en contacto con la Universidad P. Comillas para hacer los trámites y firmar el acuerdo. El plazo es muy flexible, ahora está vigente la convocatoria 2007-2008.

Una página interesante para encontrar prácticas (francés) es: http://www.stage.enligne-fr.com/. Y en cuanto al alojamiento, pienso que lo más recomendable es un piso compartido, a ser posible con estudiantes nativos. Estas son algunas direcciones en las que poder buscar un piso compartido (Francia, Bélgica, Suiza, Italia y Canadá): colocation, easycoloc.

Os animo a echarle un vistazo y plantearos esta posibilidad. Lo importante: informarse bien sobre la empresa y las prácticas concretas que nos ofrece, y buscar un alojamiento adecuado que nos permita relacionarnos con nativos.

¡Suerte a todos!


[1] Consultar universidades participantes.

La Guerra de los Rose

Jueves, noviembre 22nd, 2007

¿Quién no ha visto nunca una pelea entre profesores de la misma facultad, incluso del mismo curso? Yo creo que es pan nuestro de cada día en la universidad, un lugar donde todo el mundo puede y debe expresar sus opiniones. Eso es bueno, hasta que topamos con una persona que no opina lo mismo que nosotros. Cada uno defiende su posición y a menudo saltan chispas.

En nuestra carrera la mayoría de las rencillas son a causa del trabajo de traductor e intérprete, o incluso docente. Pienso que todos asistimos alguna vez a la discusión entre dos profesores, por ejemplo, de interpretación que opinan que la manera de dar clases del otro no es la más correcta. O un profesor de gallego (en el caso de la UVigo) que pelea con uno de castellano por razones lingüísticas.

Este artículo será corto, pues el tema ¡no da para mucho más…! Las disputas entre los profesores son rumores que todos conocemos pero que nadie reconoce, a pesar de llegar a menudo a la discusión en público. Hacen daño a la facultad, pues la divide, a veces, en más de dos bandos.

Lo cierto es que en traducción parece que todos estamos divididos. Los de literarios no quieren saber nada de los demás, los intérpretes no son traductores… son comentarios que se oyen, por desgracia, y que hacen imposible la creación de un gremio de traductores que nos permitiría conseguir mejoras en nuestra vida laboral. Pero, ¿qué esperamos si los alumnos también nos dividimos en grupos? No digo que sea malo, de hecho es malo si se pasa a palabras mayores (¡¡¡que pasa!!!), pero deberíamos dejar las rencillas aparte para unirnos cuando haga falta. Ya lo decían los de S-KAP (ya sé que no fueron los primeros, ¡pero es que son los únicos que se me vienen a la mente!): EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO (quien quiera tomarlo como reclamo político, que lo haga).

La responsabilidad del traductor/intérprete (I)

Viernes, noviembre 16th, 2007

La traducción, como toda actividad, tiene una serie de consecuencias y responsabilidades legales que, a pesar de estar patentes en todas las ramas de la disciplina, se hacen todavía más visibles si cabe en la Traducción/Interpretación Jurídica y Jurada.

La explicación a este hecho es bastante lógica, ya que no sólo se trata de un trasvase de documentos de una lengua a otra, sino que, en función de lo que se traduzca (sentencias, declaraciones), se juega con el posible encarcelamiento o no de una persona, lo cual hace que la labor del traductor tenga que realizarse de la manera más escrupulosa posible.

De hecho, hay todo un conjunto legal para regular las actividades de la Traducción/Interpretación en distintos campos del ordenamiento jurídico, que delimitan desde las situaciones en las que es pertinente la intervención de un traductor/intérprete hasta las consecuencias que pueden tener para éste.

Véase, por ejemplo, el caso de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que estipula los casos en los que es necesaria y está permitida la utilización de un intérprete como mediador entre el acusado/testigo y el abogado/juez:

Artículo 440.

Si el testigo no entendiere o no hablare el idioma español, se nombrará un intérprete, que prestará a su presencia juramento de conducirse bien y fielmente en el desempeño de su cargo.

Por este medio se harán al testigo las preguntas y se recibirán sus contestaciones, que éste podrá dictar por su conducto.

En este caso, la declaración deberá consignarse en el proceso en el idioma empleado por el testigo y traducido a continuación al español.

Artículo 441.

El intérprete será elegido entre los que tengan títulos de tales, si los hubiere en el pueblo. En su defecto, será nombrado un maestro del correspondiente idioma, y si tampoco le hubiere, cualquier persona que lo sepa.

Si ni aun de esta manera pudiera obtenerse la traducción, y las revelaciones que se esperasen del testigo fueren importantes, se redactará el pliego de preguntas que hayan de dirigírsele y se remitirá a la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Estado, para que, con preferencia a todo otro trabajo, sean traducidas al idioma que hable el testigo.

El interrogatorio ya traducido se entregará al testigo para que, a presencia del Juez, se entere de su contenido y redacte por escrito en su idioma las oportunas contestaciones, las cuales se remitirán del mismo modo que las preguntas a la Interpretación de Lenguas.

Estas diligencias las practicarán los Jueces con la mayor actividad.

Artículo 443.

El testigo podrá leer por sí mismo la diligencia de su declaración; si no pudiere, por hallarse en alguno de los casos comprendidos en los artículos 440 y 442, se la leerá el intérprete, y en los demás casos el Secretario.

El Juez advertirá siempre a los interesados el derecho que tienen de leer por sí mismos sus declaraciones

Como dije antes, no sólo la intervención de los traductores/intérpretes está regulada, sino también aquellas penas que serán aplicadas en caso de tergiversación de la traducción/interpretación realizada por el profesional contratado para facilitar la comunicación en el proceso jurídico que se esté llevando a cabo. Dichas figuras aparecen en el Código Penal:

Artículo 459.

Las penas de los artículos precedentes se impondrán en su mitad superior a los peritos o intérpretes que faltaren a la verdad maliciosamente en su dictamen o traducción, los cuales serán, además, castigados con la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio, empleo o cargo público, por tiempo de seis a doce años.

Artículo 460.

Cuando el testigo, perito o intérprete, sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le fueran conocidos, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses y, en su caso, de suspensión de empleo o cargo público, profesión u oficio, de seis meses a tres años.

Artículo 464.

1. El que con violencia o intimidación intentare influir directa o indirectamente en quien sea denunciante, parte o imputado, abogado, procurador, perito, intérprete o testigo en un procedimiento para que modifique su actuación procesal, será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a veinticuatro meses.

Si el autor del hecho alcanzara su objetivo se impondrá la pena en su mitad superior.

2. Iguales penas se impondrán a quien realizare cualquier acto atentatorio contra la vida, integridad, libertad, libertad sexual o bienes, como represalia contra las personas citadas en el apartado anterior, por su actuación en procedimiento judicial, sin perjuicio de la pena correspondiente a la infracción de que tales hechos sean constitutivos.

Dicha legislación es sólo una pequeña parte de la que incumbe a la labor del traductor jurídico en una situación concreta: el desarrollo de un juicio. En los próximos artículos informaré acerca del marco legal al que está sujeta la actividad traductora en otros ámbitos, para intentar ofrecer una panorámica general, más o menos detallada, de la responsabilidad que recae sobre las espaldas de los profesionales de nuestro gremio.

Un saludo.

Ildefonso Laguna.

Nuevo partner: Planeterasmus

Jueves, noviembre 15th, 2007

Planeterasmus es un portal orientado a todo lo relacionado con el mundo erasmus: cómo llegar a serlo, la vida de algunos estudiantes en sus destinos, e incluso la vida tras la beca. Si estás interesado en ello, haz clic en la captura para acceder al portal.

planet_erasmus.jpg

De aquí en adelante planeterasmus va a publicar parte de los materiales de nuestro blog (en concreto, la seccion de Aída “posterasmus”). Asimismo, también publicaremos parte de los materiales de planeterasmus, especialmente los relacionados con estudiantes de traducción e interpretación erasmus.

Exámenes de Traducción ¿con o sin Diccionario?

Miércoles, noviembre 14th, 2007

¿Alguien se ha parado a pensar que sería del traductor sin diccionarios, glosarios, bases de datos, enciclopedias, gramáticas o simplemente sin Internet? ¿Traduciría igual? ¿Su ritmo de trabajo disminuiría o se aceleraría? ¿Traduciría TODO con la precisión que debiera? ¿Sería capaz de descifrar textos con un grado muy alto de especialización?

Solemos prometérnoslas muy felices con todas estas herramientas; nos encontramos muy seguros en casa, en bata o en chándal, con nuestro calefactor al lado, sentados delante del portátil y con todo lo necesario a nuestro alrededor, a veces incluso ocultos tras una montaña de diccionarios y enciclopedias que nos dan cobijo. Así poco nos importa que en clase nos echen textos literarios, textos jurídicos, textos sobre cardiopatías vasculares, sobre oftalmología, o folletos turísticos para traducir, pues mejor o peor saldremos del paso.

Solemos pensar que con los instrumentos adecuados, llegado el momento, podremos suplir nuestras carencias ya sean del tipo que sean: léxicas, gramaticales, estilísticas etc.; no importa, tarde o temprano encontraremos la solución a nuestro problema en algún lugar recóndito de la red o en el diccionario menos esperado.

Es cierto que existe esta “dependencia” entre el traductor y sus herramientas de trabajo, pues son las que le ayudan a resolver problemas de compresión como problemas léxicos, y sobre todo las que le ayudan a solventar sus dudas y elegir entre las posibles soluciones que se le plantean.

Todavía no conozco a ningún traductor o intérprete que no se sirva de un mero diccionario bilingüe o que no se documente antes de llevar a cabo su trabajo; eso sería como tirarse a una piscina sin agua o como tirarse de un avión sin paracaídas: el tortazo es seguro.

Por eso, después de un año o dos años de estudios en traducción, donde tus profesores y tú ya habéis afianzado esa dependencia, una se sorprende y se lleva las manos a la cabeza cuando un buen día lee en el programa de la asignatura: “el 50% de la nota final constará de un examen de traducción SIN DICCIONARIO” (y para que no quepa la menor duda estas dos últimas palabras van en mayúscula, en negrita y subrayadas). Entonces en tu cabeza se enciende la luz de alarma y oyes a los asistentes de vuelo y al capitán del avión decir “señoras y señores abróchense bien los cinturones, pónganse el chaleco salvavidas y respiren hondo, hemos perdido el control del aparato”.

¡¿Cómo vas a traducir sin al menos un simple diccionario pequeñito de bolsillo?! ¿Ni siquiera con uno de esos del Tulipán?, ¿Acaso le piden a un carpintero que trabaje sin serrucho? ¿Le piden a un herrero que trabaje sin martillo? ¿O a un cirujano sin bisturí?

Tu indignación, tu ansiedad y tu miedo son tales que entonces, con la esperanza de que haya sido un error, te diriges al profesor, y temblorosa, con las manos empapadas de sudor y con la voz entrecortada, le preguntas muy amablemente la mayor obviedad del siglo: “¿Perdone, el examen de traducción es sin diccionario?” Y el profesor con una mirada oscura y fría te responde rotundamente: “¿Señorita ha leído usted el programa de la asignatura?”. Bien, eso es todo lo que necesitabas saber, por lo que te vuelves a tu sitio pensando cómo demonios te vas a convertir en un diccionario con patas de aquí a nueve meses.

Los argumentos suelen ser bastante comprensivos y coherentes: “necesitamos manejarnos sin diccionarios y aprender a resolver solos las dudas y los problemas”, “en una prueba de traducción para una empresa no vas a tener diccionario (depende de para cuál)”, “los diccionarios no traducen, traducen los traductores, si no tu primo de 10 años puede hacer el trabajo por ti”…

Los entendemos y entendemos los que nos quieren decir, pero seguimos pensando que un traductor no traduce sin herramientas, que las necesita aunque solo sean para consulta.

¿Qué ocurre si te encuentras con una palabra clave que no entiendes, que no has visto en toda tu vida? ¿Te la inventas? ¿La eliminas?, ¿Qué pasa si el tema es tan especializado que no sabes nada de nada? ¿Qué pasa si no conoces al escritor que estás traduciendo, a qué época pertenece? ¿Con qué estilo o con qué registro lo traduces?

Ante todas estas cuestiones cabe preguntarse una cuestión aún mayor, que concierne tanto a profesores como a alumnos: ¿Sólo evaluamos con un examen final? O ¿por qué este examen final es el que decide si apruebas o suspendes si te has pasado todo el año trabajando y haciendo el resto de trabajos?

Se puede entender que sea sin diccionario, pero que ese examen final sea el que decida tu destino en esa asignatura ya es algo más cuestionable.

En fin, de momento no nos queda otra que estudiar y estudiar y ser cada vez más competentes en nuestros idiomas, y por supuesto, rezar para que nos toque un texto con el que nos podamos defender, pues en el día señalado nos encontraremos solos ante el papel :-P

¡Un Saludo!

Inma

II Coloquio Lucentino de Traducción – UA

Martes, noviembre 13th, 2007

Los días 13, 14 y 15 de Diciembre se celebra en la Universidad de Alicante el II Coloquio lucentino de Traducción. Si estáis interesados en asistir, podéis encontrar más información en la página web del congreso. Asimismo, podéis descargaros el tríptico con la ficha de inscripción desde este enlace.

Dichosa matrícula…

Jueves, noviembre 8th, 2007

Ahora que he acabado la carrera, miro hacia atrás y me río de algunas cosas que antes no me hacían gracia, o simplemente sigo amargada por cosas que en su día también me tocaron las narices.En artículos anteriores ya hemos hablado y requetehablado de lo mal que nos llevamos unos alumnos con otros, por eso no lo voy a mencionar, además pasa en las mejores familias. Me gustaría hablar, en los artículos que voy a publicar, de los problemas que me he encontrado a lo largo de la carrera y que todos hemos vivido alguna vez (bueno, fue una idea de Oliver, ese pequeño gran hombre). Espero hablar de problemas como las faltas de los profesores, las disputas entre ellos o, como es el caso en este artículo, sobre la matrícula.

Es necesario distinguir entre la primera matrícula y las demás (da igual cuántas hayamos echo a lo largo de la carrera, todas son parecidas). La primera vez que nos matriculamos y vemos ese papel (en mi caso naranja con casillas a rellenar, nada de cruces o puntos, hay que pintarlas como si fuéramos niños) nos preguntamos llenos de odio y miedo ¿por qué demonios no hay una asignatura en 2º de bachillerato sobre el arte de cubrir la matrícula universitaria? Si lo pensáis bien, se parece a la del selectivo, así que sería una asignatura rentable, de la que todos aprenderíamos algo. Que si números por aquí, letras por allí, mirar al dorso si has puesto bien la profesión del padre… ¿Autónomo? ¿Empresario? Pero la gran innovación es lo de AMA DE CASA. Personalmente, me encanta. Es una profesión por fin reconocida. Ese es otro tema. Yo tuve la suerte de tener a una amiga que ya se había matriculado en la uni, así que me ayudó mucho, me salvó la vida, para qué negarlo. En otras ocasiones, yo fui la que salvó la vida de otros estudiantes. Seguro que os pasó a todos.

Las demás matrículas se podrían dividir entre otras muchas categorías, al fin y al cabo cada matrícula es una odisea. Llamar para reservar un día y una hora para matricularse (?!?), y luego, el día esperado y ansiado, hacer cola para matricularte y descubrir que la materia de libre elección que tanto deseabas coger, bien porque es fácil aprobar, bien simplemente porque te gusta, está llena y no hay más hueco. Te acuerdas de los muertos de todos los funcionarios de la universidad.

-Es que no he escogido otra materia -dices inocente, cabreado y nervioso.

-Pues decide y ponte a la cola otra vez.

«************» Eso es lo que pensamos todos, no lo neguéis.

Vuelta atrás y mirar qué clase nos coincide mejor para no tener tres en la misma hora y el mismo día y que, además, nos guste mínimamente. Así acabamos por coger cosas como literaturas de los terceros idiomas, o historia de tal país, o tal sitio, o tal cosa, o economía aplicada a no sé qué… En fin, materias que en nuestro sano juicio no cogeríamos ni de guasa. Pero allí estamos, con estudiantes de otras carreras, y no siempre de filología, que al fin y al cabo es la que más se aproxima a la nuestra.

El que no ha pasado por todo esto, no ha estudiado en la universidad, nunca, por lo menos no en la pública de nuestro tiempo. Es una odisea que todos vivimos, pero finalmente, igual que Odiseo (Ulises para los romanos), llegamos a casa, aunque lleguemos y nos encontremos, al igual que él, con sorpresas desagradables, sólo tenemos que preparar el arco y acabar con los problemas, aunque a veces sea difícil porque la materia que nos hemos visto a escoger es una ******.