Archive for the ‘EEES - Bolonia’ Category

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (VI)

Jueves, Junio 14th, 2007

Hoy me voy a salir un poquito de tema de la historia de los estudios para ampliar los comentarios sobre los estudios de máster en TeI. Antes de nada, quería hablaros sobre el navegador Colón. Para los que no lo conocéis, recoge toda la oferta de formación de postgrado en España (tanto homologada como titulaciones propias). Aquí tenéis el vínculo, para que podáis curiosear.

Como ya adelantaba en el post anterior, ahora mismo conviven en España:

- Másters de titulación propia de las Universidades (no homologados) y Cursos de Experto de titulación propia

- Másters homologados según el Espacio Europeo de Educación Superior.

Vamos a hacer un rápido repaso a algunos de estos másters. Podemos distinguir entre dos tipos de subcategorías:

- Los másters de investigación (antiguos doctorados) que en su mayoría ya están homologados o en proceso de homologación

- Los másters profesionales (entre los que hay pocos homologados aún)

Y por otro lado:

- Los másters para personas sin formación en traducción e interpretación

- Los másters de especialización en traducción e interpretación, para gente con una base previa.

Vamos a analizar algunos casos, para poder entender con ejemplos qué tipo de máster se oferta.

Dentro de los másters de investigación (doctorado), podemos mencionar el Máster Oficial de Investigación en Traducción e Interpretación de la UGR. Es el resultado de la fusión de los dos programas de doctorado previamente existentes (Doctorado Traducción, Sociedad y Comunicación y Doctorado Procesos de Traducción e Interpretación), ambos con mención de calidad del Ministerio de Educación y Ciencia (una certificación de calidad para investigación). Tiene perfil investigador y conduce al título de Doctor por la Universidad de Granada. Es importante resaltar que en este tipo de máster NO SE ENSEí‘A A TRADUCIR/INTERPRETAR. Sino que se profundiza en el estudio de teorías y métodos para la investigación en traductología, didáctica, interpretación, cognición, etc. Cuenta con profesorado de prestigio de cinco universidades nacionales y europeas (UGR, UJI, Universití¤t de Leipzig (Alemania), UMA, UAB, la Escuela de Traductores de Toledo, la UCLM) así como la empresa SDL International. Participan profesores de prestigio internacional como Christiane Nord, de la Faschhochule Magdeburg, Gerhard Budin, de la Universidad de Viena o Dorothy Kelly de la UGR, por citar solo algunos nombres conocidos. Se ofrecen entre 30 y 40 plazas al año y la selección es por méritos académicos y profesionales. Aquí tenéis el enlace:

Otro máster de reciente homologación y con algunos años de tradición, es el Máster en Traducción Médica de la UJI. Está dirigido por Vincent Montalt (tuve ocasión de estar unas charlas que dio este profesor en la UGR y me encantaron). Este máster se imparte a distancia. No va dirigido únicamente a licenciados en TeI, sino también a personas en posesión del título de grado o licenciatura en Filología, o en Medicina, Farmacia, Biología, Enfermería y otras ciencias afines, y que tengan un nivel avanzado en las dos lenguas de trabajo: inglés y español. En este caso, no me queda del todo claro, si tras la homologación, este máster es más bien de tipo investigador o de tipo profesional y al consultar el programa, veo que incluye contenidos en ambas direcciones. Al ser el acceso más abierto para gente de perfiles que no son específicamente de traducción, entiendo que aquí Sí ENSEí‘AN A TRADUCIR.

Otro modelo de máster, serían los Master en Traducción y Localización Inglesa de la URV y el Máster en tradumática, localización y traducción audiovisual de la UAX. En ambos casos se trata de másters de claro corte profesional. Aún están en proceso de hologación. Estos másters suelen ir dirigidos a personas que ya tienen una base de traducción y que lo que pretenden es ahondar en competencias más específicas (informáticas, de gestión de proyectos, etc.).

Aquí he seleccionado algunos ejemplos de máster, aunque hay muchos más. Quería dar una serie de orientaciones a la hora de elegir un máster. Se debe tener en cuenta:

  • Si es oficial/homologado o es titulación propia: no tiene relevancia en cuanto a la calidad de la formación, pero sí en cuanto al reconocimiento.
  • Si es homologado, el precio del crédito tenderá a ser más barato que si es un máster o curso de experto no homologado.
  • Quién organiza el máster. Quién participa. Quién da clase. Es muy importante para poder analizar la calidad de la formación.
  • Si está diseñado para enseñar a traducir o competencias específicas o si está diseñado para investigar sobre la traducción.
  • Si va dirigido a gente con una base de traducción o a gente que quiere aprender a traducir desde cero o casi cero.
  • Comprobar valoraciones de antiguos alumnos o alumnos presentes en google.
  • Comprobar prestigio. Así, por ejemplo, un máster como el de Limerick de Localización, avalado por LISA (Localization Industry Standards Association) o un máster de eseñanza de español para extranjeros, avalado por el Instituto Cervantes, o un máster en Interpretación avalado por la red EMCI de la Unión Europea, siempre tendrán garantías de reconocimiento.

Saludos a todos

ECE

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (V)

Lunes, Mayo 21st, 2007

¡Hola a todos!

Un virus (informático) no me dejó escribiros el viernes… pero ya tengo el ordenador como nuevo (formateado, etc.), tras pasar el fin de semana reinstalando programas, etc. ¿Cómo era posible la vida antes de que tuviéramos ordenadores?

Hoy sigo con el tema sobre las diferentes posibilidades de evolución de los estudios de TeI. Para poder continuar, voy a hablaros del Libro Blanco del Título de Grado en Traducción e Interpretación, encargado por la ANECA (Agencia de Calidad Universitaria española) y realizado por representantes (profesores) de todas las facultades de TeI de España en 2004. Si alguien está muy interesado en consultar este informe, lo podéis encontrar aquí o aquí.

Se trata del primer estudio sistemático de la titulación y se realizó en 2004. Para mí, representa una fuente bastante interesante porque recoge los debates principales que se están tratando en la titulación (el papel de la interpretación en el currículum, la direccionalidad de la traducción – desde o hacia la lengua materna-, la importancia de la lengua B y C en el plan de estudios, etc.).
Hace un repaso de cómo están los estudios de traducción e interpretación en Europa y otros países y utilizan datos estadísticos sobre el alumnado y sobre la inserción laboral de los licenciados, etc. Tras debatir en varias sesiones plenarias en aquel año lo que cada miembro de la comisión del estudio opinaba sobre el futuro de los estudios, el informe concluye que las dos posibilidades con más crédito en aquel momento eran:

- Una opción mayoritaria de un grado (licenciatura) de 240 créditos en
ocho semestres (= o +/- a la licenciatura actual en duración y no requeriría mucha adaptación)

- Una opción menos apoyada de un grado de 180 créditos en seis semestres (esta opción parece ser la que más se repite en países de la UE, por lo que se tuvo en consideración)

Ambas opciones irían seguidas de másters oficiales de uno o dos años, que irían enfocados en dos direcciones distintas:

- Másters profesionales: dedicados a la especialización en un campo de trabajo (interpretación, localización, etc.)
- Másters de investigación: equiparables a los hasta ahora denominados Programas de Doctorado.

En la actualidad, el panorama parece estarse modelando de la siguiente manera:
En primer lugar, la estructuración y puesta en marcha de los másters va por delante de la estructuración y reforma de las titulaciones de grado. Actualmente ya existen másters oficiales, en su mayoría de investigación, como el de la UGR y hay varios másters profesionales que probablemente arrancarán a partir del curso que viene. No se pueden confundir estos másters homologados con los tradicionales másters que venían ofreciendo las universidades y otras entidades y que no tenían condición de oficiales. Ahora mismo conviven másters oficiales y no oficiales, algo a tener en cuenta por aquellos que estén en la tesitura de ampliar su formación tras la carrera. No es que uno sea peor que otro, pero es cierto que los oficiales tienen un reconocimiento administrativo superior.

Por otro lado, parece que la tendencia en cuanto al grado es a que las cosas no cambien radicalmente en los próximos años. Hay aspectos en los que sí notaremos cambios:

- La introducción del crédito europeo, si se hace efectiva, supondrá una reducción del número de horas de clase del modo en que ahora las conocemos y se traducirá en una mayor carga de trabajo tutelado por el profesor.
- Posiblemente se modernicen los sistemas de evaluación, con la progresiva introducción de sistemas de evaluación continua.

- Posiblemente la carrera tienda a no ser tan especializada y hacer mayor hincapié en la adquisición de competencias y conocimientos algo más generalistas.
- La nueva ley universitaria dará mayor libertad a los centros para que diseñen sus planes de estudios (se flexibilizarán los modelos de planes de estudios nacionales que tenemos ahora, que es por lo que todas las carreras son parecidas en todas las universidades). Esto dará lugar a que las universidades se esforzarán más en ofrecer una carrera atractiva y en perseguir la calidad (= prestigio). Se distinguirá más entre unas facultades y otras y los ránking de universidades como el que publicásteis el otro día, tendrán más importancia de la que tienen ahora. Aunque la carrera será de carácter más generalista, habrá más especialización entre los centros y posiblemente se sabrá, por ejemplo, cuáles son los mejores centros para estudiar interpretación, para estudiar localización, para estudiar traducción con ruso, etc. ya que este será el recurso que los diferentes centros utilicen para marcar su calidad (= prestigio).

Esto son algunas pinceladas de lo que parece más probable después de consultar todas las fuentes que conozco. Pero habría muchísimo más que decir sobre muchos de estos temas. Aún nos queda para unos cuántos posts.

¡Saludos!

Elisa

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (IV)

Viernes, Mayo 4th, 2007

¡Hola! Hoy voy a seguir con Bolonia y cómo afectará a nuestros estudios. En el último post hice un repaso de las medidas que supone la reforma y también de los problemas de aplicación que puede generar en la Universidad española. En este post quisiera hacer hincapié en el ámbito de nuestra carrera. Mejor repasamos hoy lo que es positivo. Para lo menos alentador esperamos a otra entrega.

La carrera de TeI tiene la imagen de ser de algún modo una opción de formación moderna, al menos en comparación con otras carreras. Desde mi punto de vista, esto tiene bastante de cierto, si entendemos el calificativo de “moderno” desde un punto de vista de enseñanza y aprendizaje. Evidentemente, la situación varía de centro en centro e incluso de profesor a profesor, por lo que todo lo que voy a decir a continuación es susceptible de matizaciones. Insisto en que hoy toca ver el vaso medio lleno:

  • TeI plantea en su propia esencia un vínculo claro entre la universidad y el mundo de la empresa, ya que es una de las pocas carreras en las que se aprende un oficio: el de traductor/intérprete. Esto es algo que no se valora lo bastante hasta que no has entrado en el mundo laboral. Dejando de lado las cosas que podrían mejorar, lo cierto es que la carrera tiene bastante de práctico, de aprender un savoir-faire, unas competencias operativas¦ esto nos permitirá no solo adaptarnos a varios trabajos sino también generar nuestro propio empleo (autónomos, empresarios). Además, en algunas facultades ya se integran las prácticas laborales dentro del currículum.
  • Aunque cada profesor utiliza sus propias estrategias docentes y la libertad de cátedra permite que enfoquen sus clases libremente, buena parte del profesorado tiene influencias de otros sistemas (por haber estudiado, trabajado o nacido en otras culturas educativas), lo cual aporta una serie de recursos que enriquecen las estrategias de enseñanza-aprendizaje. No es raro ver cómo se trabaja en grupos y de forma colaborativa en las clases de traducción. Hay más debates y presentaciones orales que en otras facultades. Se enseña a que los alumnos busquen soluciones, no a que las memoricen (por ejemplo, en traducción). Hay menos alumnos por clase y esto permite una relación más fluida entre profesor y alumno que en otras carreras. Algunos profesores introducen sistemas de evaluación también más acordes con estas ideas, con sistemas de seguimiento continuado (trabajos individuales y en grupo, presentaciones, etc.) en lugar de un examen final. Sé que no todo el mundo trabaja así y tampoco creo que sea malo tener algunos profesores que trabajen de otra manera. De cada método se puede extraer un aprendizaje diferente. Pero lo cierto es que cualquier alumno de TeI puede encontrar muchas diferencias con la forma en la que se trabaja en otras carreras más masificadas y tradicionales. No es extraño ver a los alumnos de tercero y cuarto sin tener que encerrarse a empollar en épocas de exámenes como pasa en otras carreras: el trabajo lo vienen haciendo diariamente con sus entregas y presentaciones. Se supone que la introducción de los créditos europeos (ECTS) que reconoce el trabajo del alumno fuera de clase y promueve la tutela de ese trabajo por parte del profesor, vendrá a fomentar lo que muchos profesores ya vienen haciendo.
  • La competencia o aprendizaje que incluye las cuestiones interculturales, interlingüísticas, etc. responde al interés de la UE por fomentar la movilidad y el conocimiento de las diferentes culturas y lenguas europeas. La movilidad del estudiantado es frecuente (Erasmus, etc.).

Pero quizás la cuestión más interesante y la que más debate genera, sea la que cerraba el post anterior: ¿Qué competencias son las que se deben enseñar? ¿Qué pasa con TeI? ¿Subsistirá con la reforma?

Los debates en torno a esto vienen de largo. De algún modo, parece como si en TeI nos hubiéramos estado anticipando a la reforma de Bolonia. Desde hace años se debate ya sobre si la carrera debe ser más humanística-filológica o si debe estar dirigida a una formación puramente operativa en la empresa de traducción. Otro debate interesante es el de qué es la competencia traductora. Ahora la UE pide a todas las carreras que describan qué competencias quieren enseñar y las relacionen con el mercado: resulta que en traducción esta cuestión lleva debatiéndose desde hace 30 años. Que si la carrera debe ser solo de traducción, mientras interpretación ha de ir independiente; si ha de ser una carrera generalista de lenguas aplicadas y la especialización en traducción y/o interpretación ha de ser un máster; si cada centro debe especializarse en un sector del mercado o por el contrario todos deben impartir lo mismo; si se ha de impartir la traducción inversa también o solo la directa… Las variaciones son interminables.

Actualmente se vienen barajando varias opciones de futuro: 1) Los planes de estudios quedan como están (traducción+interpretación de 4 años); 2) Un grado (= licenciatura) de cuatro años más generalista (tipo Lenguas Aplicadas) y se completa con másters en traducción y/o interpretación; 3) Un grado solo de traducción y luego un máster en interpretación; 4) La carrera se funde con filología y luego se pueden hacer másters en traducción e interpretación, etc.

Aún queda mucho por decir al respecto. Iremos viendo cuál de estas opciones es la que tiene más papeletas. También quisiera hacer un repaso de la situación pero considerando el vaso medio vacío… todo aquello que pueda ser problemático en nuestros estudios. Pero todo hay que verlo poco a poco. Por ahora, es suficiente con dejar estas notas aquí y me gustaría mucho que comentéis al respecto. ¿Qué opción creéis que sería la mejor de las que he descrito en el párrafo anterior?

¡Saludos! EC

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (III)

Viernes, Abril 20th, 2007

Ya vengo diciendo en los posts anteriores que me gustaría hablar del proceso Bolonia y de cómo puede afectar a los estudios de traducción e interpretación. Pues bien, antes de nada, voy a hacer una breve introducción al proceso Bolonia, o proyecto para el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Quizás resulte un pelín denso, pero, sin esto, no podemos hablar de cómo afectará a TeI. Esta iniciativa tiene varias intenciones básicas:

  • - Establecer un vínculo más estrecho entre la formación universitaria y las demandas de la sociedad/mercado (de ahí los modelos de enseñanza centrados en la adquisición de “competencias, es decir, pertrechar al alumno con una serie de aptitudes prácticas y/o teóricas de carácter general, necesarias en casi todos los trabajos, y otras competencias de carácter específico, necesarias para trabajos más especializados. (Por ejemplo, en nuestro campo, una general: capacidad de trabajar en equipo, una específica: manejar Trados).
  • Unificar los diferentes sistemas universitarios europeos en torno a unos criterios comunes para facilitar la equiparación/homologación etc. de cualificaciones (para así fomentar también la movilidad de los ciudadanos de Europa, de ahí el énfasis en la promoción del aprendizaje de las lenguas también).
  • - Invitar a los sistemas más anquilosados a replantearse y reformular sus estrategias de enseñanza-aprendizaje: de universidades en las que todo gira en torno al docente o al contenido que transmite el docente (clases en las que se lee en voz alta un texto y los alumnos copian apuntes que memorizan), a universidades que también conceden un papel muy importante al estudiante (evaluación continua, clases participativas, etc.) (De aquí la iniciativa de crédito europeo que pretende que el trabajo del estudiante fuera de clase sea tutelado de forma individualizada por el profesor y tenga un reconocimiento en cuanto a carga académica).
  • - Mejorar la calidad universitaria para que los centros de investigación y formación europeos puedan competir internacionalmente.

La reforma sobre el papel es bastante prometedora y podría suponer una buena ocasión para darle un empujoncito a nuestra universidad española. No obstante, plantea bastantes cuestiones de aplicación muy difíciles de resolver. Los debates en las universidades giran en torno a las siguientes cuestiones:

  • - ¿Quién pagará los gastos que generará la reforma? ¿Cuánto costará la reforma para que sea realmente efectiva? Porque una reforma educativa requiere dinerito…
  • - ¿Cómo se puede esperar que los profesores aprendan a enseñar de otra manera si no se invierte en formación/concienciación del profesorado? Con este tema, me imagino a profesores que tengan estrategias de enseñanza tradicionales, con clases de 200 alumnos, a los que se les dice de golpe que tienen que tutelar el trabajo de cada uno de ellos, sabiendo sus nombres (que antes nunca supieron), sus puntos fuertes y débiles, no evaluar solo sus resultados finales sino también toda su evolución de aprendizaje, dejar estrategias de formación como leer en alto y tomar apuntes o dar bibliografía y que el estudiante empolle para el examen final, para pasar a ser mediadores de los debates críticos que los alumnos tendrían en sus aulas, fomentar el trabajo en equipo, análisis crítico, evaluación formativa -no evaluar con exámenes finales y ofrecer feedback personalizado para reorientar el aprendizaje del alumno-, etc… Es muy bonito, pero creo que difícil de exigir. Especialmente sin que medie un auténtico esfuerzo para que los profesores no solo sean expertos en las materias que investigan, sino que también adquieran formación didáctica. Actualmente no hay ni siquiera un miserable CAP para profesorado universitario… y en los concursos de plaza se valora sobre todo la producción de investigación, no la formación como docente.
  • - ¿Se reducirá el volumen de los grupos de alumnos para que la tutela individualizada sea viable? ¿Quién podrá tutelar a 250 alumnos de un mismo grupo, con varios grupos de este mismo tamaño, de forma individualizada? Solo se me ocurre un profesor capaz de hacer algo así de forma efectiva, el Profesor Dumbledore (pero ya trabaja en Hogwarts). ¿Podrá la universidad española, desde el punto de vista económico, multiplicar la contratación de profesores para permitir que los grupos se reduzcan?
  • - ¿Qué competencias son las que se deben enseñar? ¿Con respecto a qué criterios? Aquí el debate es si la universidad debe formar para la empresa, para la sociedad, para el humanismo, para la ciencia, para la ciencia que deje dinero, etc.
  • - Y finalmente: ¿Qué pasa con las carreras que tenemos hasta ahora? ¿Subsistirán? ¿Subsistirán como están? ¿habrá que reformarlas, recortarlas o ampliarlas? ¿Qué criterios se aplicarán para tomar estas decisiones? En fin, todo un tomate.

Yo veo que en toda esta coyuntura, la carrera de traducción e interpretación no está muy mal posicionada e, incluso, por las características de nuestros estudios y facultades, parte del trabajo ya lo llevamos hecho. Hay posibilidades de que no salgamos muy mal parados. En el próximo post intentaremos averiguar cómo afectará toda la reforma a nuestros estudios.

Saludos

EC

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (II)

Viernes, Marzo 30th, 2007

Bueno, este post es continuación del primero que se publicó hace un par de semanas, en el que hacemos un repaso general de la evolución de la carrera, desde sus inicios, hasta el proceso de Bolonia, con todo lo que podrá implicar en el futuro.

Para refrescaros la memoria, en el último post nos quedamos en que a principios de los 90 se aprueba por fin el plan de estudios de la carrera y la carrera se consolida. En la década de los 90, nuestra carrera, que prácticamente era desconocida (aún hoy nos confunden con “¡ah! esos estudios para ser actriz, ¿no?), empezó a experimentar un auge en la demanda de acceso. ¿Qué significa esto? Pues que muchos estudiantes se decidían por TeI al terminar la secundaria, con el resultado de que mucha gente no podía acceder, ya que no había, ni hay aún hoy, plazas para todos los que se sienten llamados por esta carrera.

Así, en el plazo de 15 años, se pasó de menos de 10 facultades públicas y privadas a un total de 25 que tenemos en la actualidad (¡¡unos 1500 licenciados por año!! y la cifra sigue creciendo). La evolución es probablemente la más intensa entre todas las carreras. Lo que antes era una carrera minoritaria, ahora ya no es tal. No obstante, el acceso a los estudios sigue siendo restringido, como sabemos, porque en algunos centros se lleva a cabo una criba por nivel de lengua, mientras que en otros, se entra por nota de corte de secundaria. Actualmente, la carrera de TeI, debido al sistema de numerus clausus (oferta vs. demanda), da los máximos de corte casi todos los años en alguna universidad, con un perfil de estudiantado de alto rendimiento, que accede a la carrera con notas de no menos de 8. (¿Cuánta gente se puede estar quedando fuera?!)

Uno de los motivos por los que la carrera tiene tanta demanda, es por que la gente se la imagina como una formación aplicada a las necesidades de la sociedad y del mercado de trabajo, es decir, porque tiene un enfoque práctico, porque nos enseña un oficio real y fácilmente identificable: el de traductor y/o intérprete. La gente se siente atraída por TeI frente a la opción de las filologías porque asocian las filologías con la única salida profesional de la docencia y con contenidos más teóricos o abstractos (no quiere decir que esto sea realmente así, pero en una encuesta realizada en 2005, vimos que eso es una creencia asentada). La carrera de TeI les parece más “moderna”, por ponerlo de algún modo. Lo cierto es que, clichés aparte, la formación sí proporciona al licenciado una serie de capacidades que facilitarán su inserción laboral. La carrera tiene unos índices de inserción más que alentadores, ya que se encuentra entre las que tienen una mayor proporción de licenciados empleados poco tiempo después de terminar los estudios (esto se desprende de diversos estudios de seguimiento de licenciados, de varias universidades). Ahora bien: no todo el mundo conseguirá ser traductor y/o intérprete, porque la proliferación de centros de TeI ha dado lugar a un proceso de saturación en el mercado. Es decir: la carrera responde a la demanda de acceso, pero parece que no tanto a la demanda de especialistas que hace el mercado. Así funciona la universidad española, en otras carreras también: periodismo es un clarísimo ejemplo de esta falta de previsión. Esta lectura negativa, no lo es tanto en nuestro caso, si tenemos en cuenta que los principales elementos de la formación que recibimos (idiomas, tecnología-informática, movilidad, autonomía de trabajo y trabajo en equipo por igual, capacidad de familiarizarse con nuevos temas de forma rápida “documentación, procesamiento de información- (capacidad de aprender rápido), etc.) coincide casi punto por punto con lo que las empresas buscan. Es decir, con una perspectiva flexible del futuro profesional, los estudiantes sí siguen teniendo buenas bazas de encontrar buenos empleos en los que poner en práctica sus capacidades (comercio exterior, relaciones internacionales, etc., además de traducción/interpretación, localización, docencia, etc.).

En fin, volviendo al plano histórico-analítico, esta época de consolidación (90™s) y, en cierto modo, “auge” de los estudios de TeI, coincide en el tiempo con lo que se ha venido a llamar la crisis de las filologías. Esta supuesta crisis tiene que ver con la idea de “rentabilidad” aplicada al sistema universitario. Resulta que para los administradores de la educación, si la carrera no se masifica, no es rentable. A mi esta idea me espanta bastante. Por eso proliferan ahora las facultades en TeI, porque la gente las solicita, pero no necesariamente porque lo requiera la sociedad. De hecho, mucha gente las solicita para manejar los idiomas de forma práctica, en el mundo de la empresa, pero no necesariamente para ser traductor o intérprete. Creo que el problema no es si las filologías deben o no deben subsistir, sino que probablemente sea necesaria una diversificación de la oferta de carreras en las que los idiomas juegan un papel importante. Personalmente, echo de menos, y creo que el mercado también, que hubiera títulos del estilo de Lenguas Aplicadas o Comercio Exterior (empresariales con enfoque de internacionalización de la empresa + idiomas). Y me parece ridículo plantearse la desaparición de las filologías, porque no se debe olvidar que si desaparecen, solo quedaríamos tres tipos de profesional con lenguas: traductores/intérpretes, maestros de inglés o francés para primaria y diplomados en turismo. De ser así, nos quedaríamos sin especialistas en la docencia de lenguas universitaria y sin prácticamente ningún especialista en otras lenguas que no fueran inglés y francés (alemán, italiano, ruso, árabe!!, chino!!, etc¦). Bueno, es probable que haya que modernizar o reenfocar o mejorar las filologías, pero no creo que la solución sea eliminarlas, porque no tengan tanta demanda de estudiantes.

En el próximo post me gustaría seguir tratando otros aspectos sobre la situación actual de la carrera y recibir comentarios vuestros sobre aspectos generales positivos y negativos que detectéis (no específicos de un centro, sino de los estudios en general). Una vez cerremos este capítulo, pasaremos a analizar entre todos qué pasará con los estudios en el proceso de Bolonia.

¡Saludos!

Elisa Calvo

¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I?

Viernes, Marzo 16th, 2007

Siendo este un primer post, lo suyo es comenzar repasando los orígenes de la carrera, para que aquell@s que estés interesad@s, podáis saber quiénes somos y de dónde venimos.

La traducción, como apunta Kelly (2000), es el segundo oficio más antiguo del mundo (no os será difícil recordar cuál suele identificarse como el primero). Pero su entrada en la Universidad española, por la puerta pequeña, no tuvo lugar hasta los años 70 del siglo pasado. Fue en 1973 cuando la UAB abrió la primera Escuela Universitaria de Traductores e Intérpretes, que ofrecía una diplomatura de tres años. Esta titulación es el germen de la actual licenciatura. Justo un año después, en 1974, se creó el Instituto de Traductores en la Universidad Complutense de Madrid, que ofrecía también estudios, aunque con una fuerte orientación filológica, y en el nivel del postgrado (es decir, tipo máster). En la misma década, la UGR ofrece la diplomatura (1979) integrando por primera vez la interpretación y, ya casi diez años más tarde, la Universidad de Las Palmas (1988) hace lo propio. (Me documento en distintas fuentes para contaros todo esto (Kelly, Mayoral, Mata Pastor, etc.) porque yo aún no había nacido o andaba en pañales). En esta fase de la historia de nuestra carrera, los estudios de TeI eran bastante diferentes de los que seguimos ahora:

Profesorado: compuesto por expertos de filología, con mucha experiencia y/o interés en el mundo de la traducción, pero aún sin formación específica en TeI (ya que no existía), y/o por profesorado formado en escuelas específicas de TeI en el extranjero. Se puede decir que este profesorado se distinguió desde el principio por: defender la independencia de nuestros estudios de otras áreas más tradicionales como la filología o las humanidades; desarrollar trabajos que ayudaron a consolidar nuestra área; estudiar, hacer suyas y desarrollar las corrientes de pensamiento, investigación y docencia existentes en Traducción e Interpretación y, así, conseguir posicionar y consolidar los estudios. Tenían fuerte influencia de otros centros de TeI en el extranjero y aportaron nuevas ideas y sus ganas de trabajar mucho. Muchos de los que empezaron entonces constituyen actualmente el cuerpo de expertos en TeI que hay en nuestro país y, como contaremos en otros posts, no lo tuvieron del todo fácil.

Contenidos: en los inicios, aún fuertemente influidos por las filologías, centraban las clases de traducción en estilística comparada y gramática contrastiva, ejercicios que hoy en día prácticamente han desaparecido de la práctica en clase en casi todos los centros. Las prácticas de traducción estaban aún muy ligadas a lo que se denomina “traducción pedagógica”, es decir, la que se realiza con el fin de profundizar en el conocimiento de la lengua, pero no para aprender a traducir como se hace en una situación de trabajo real. La optatividad y libre configuración se realizaba en su mayor parte en las facultades de filología o afines y la carrera no era tan multidisciplinar. La poca duración de los estudios no permitía concentrarse en dos lenguas extranjeras, sino más bien en solo una, etc.

Los diplomados: no podían acceder a Organismos Internacionales porque su título no era equiparable a los de cuatro o cinco años existentes en el resto de Europa.

Los alumnos: la carrera era muy minoritaria, siempre se accedía por examen de entrada, basado en pruebas de nivel, como aún se hace en algunas facultades. Buena parte del estudiantado tenía un perfil que podemos considerar “bilingüe” (con familias de dos nacionalidades, o hijos de inmigrantes que había pasado buena parte de su vida en otros países), había más estudiantes de más edad (no recién salidos de secundaria, como suele suceder ahora) y la carrera distaba mucho de estar tan extendida y de tener el grado de acceso que tiene hoy en día. En aquella época, las notas de acceso no tenían tanta importancia, sino más bien el nivel de lengua.

En 1991 se aprobó la conversión de la Diplomatura a la Licenciatura, gracias al enorme trabajo de los pioneros de la carrera y también a varios factores circunstanciales: la entrada de España en la UE hacía creer que se necesitarían más traductores e intérpretes y el reconocimiento (de buena o mala gana) por parte de las autoridades de la necesidad de diversificar los títulos que incluyeran las lenguas, introduciendo una perspectiva más moderna y aplicada a la práctica profesional.

Así, con la aprobación del primer plan de estudios de la Licenciatura, se consiguió que la carrera pudiera tener por fin independencia de otras áreas, con la creación y consolidación en las primeras universidades de los departamentos de Traducción, y se dio paso a la adolescencia de nuestros estudios, que, si os interesa, comentaremos en el próximo post.

Un saludo

Elisa Calvo

Para más info:

Kelly, D. [ed] (2000) La traducción y la interpretación en España hoy: perspectivas profesionales, Granada: Comares.

Mayoral Asensio, R., “Aspectos curriculares de la enseñanza de la traducción e interpretación en España,” Aproximaciones a la traducción, 2000. En:

http://cvc.cervantes.es/obref/aproximaciones/mayoral.htm

Mata Pastor, M. La formación de traductores en España: cuando no hay pan. La linterna del traductor. vol. 2 (2002), pp. 19-27. http://traduccion.rediris.es/linterna2.pdf