Archive for marzo, 2007

Mi vida sin mi: Extracurricular

Jueves, marzo 15th, 2007

Ya comenté que, a pesar de tener horario de tarde, todos los días tengo algo que hacer por las mañanas (relacionado o no con los idiomas). Se dice que los traductores (o futuros traductores) somos curiosos y que, debido a esto, y a la naturaleza de nuestra profesión (o futura profesión) ganamos siempre al Trivial, al Scattergories, al Tabú o al Palabras Cruzadas. Incluso alguno del gremio ha ganado algún que otro concurso cultural de la tele (ahora mismo me acuerdo de un tal í“scar que permaneció unos 70 programas en Saber y Ganar). En definitiva, esta curiosidad y ganas de aprender de otras disciplinas me lleva a mí y a muchos de mis compañeros a experimentar materias diversas.

En primer lugar, los cursos extraescolares más comunes entre estudiantes de Traducción son los de idiomas. ¿Quién no se ha llenado de entusiasmo pensando en la cantidad de lenguas extranjeras que uno puede aprender? ¡Japonés! ¡Ruso! ¡írabe! ¡Chino! ¡Finés! Ahora mismo, de sólo pensarlo, me entran ganas de correr a una librería y hacerme con un manual de gramática de cualquiera de estos idiomas y estudiármelo, a ver si soy capaz de aprender algo autodidácticamente por una vez. Por esto, precisamente, más nos vale aceptar de antemano que no somos superhéroes y que no podemos compaginarlo todo. Aunque claro, si voy a Chino de 9 a 10 y salgo cuarto de hora antes, quizás me de tiempo a llegar a írabe en la otra punta de la ciudad los lunes y miércoles; además, si no como los jueves, puedo ir a tres horas de japonés intensivo para permitirme una hora libre los martes antes de mis prácticas de conversación de Checo. Me mareo de sólo pensarlo. Mejor conformarme con las clases extras a las que es humanamente posible asistir. Quién tuviera el reloj aquél que consigue Hermione en el tercer libro¦

En fin, yo me he centrado tan sólo en otro idioma fuera de la universidad, como mis compañeros (aunque alguno se atreve con dos lenguas, pero no más). No descarto, de todas maneras, estudiar otros idiomas más adelante. El ruso, por ejemplo, me atrae. Espero tener tiempo más adelante para aficionarme a él. Por cierto, ¿qué fue de la Universidad í‰lfica que iban a construir en la sierra de Madrid junto con un parque temático sobre Tolkien? Juré hace año y medio que cuando la inauguraran allí iba de cabeza y pienso mantenerlo. Quizás si consigo un título puedo especializarme en traducción castellano-quenya y así amplío horizontes profesionales hacia el mercado de los juegos de rol¦ Dejando aparte las bromas, creo que, aunque a los estudiantes de Traducción nos interesen mucho los idiomas, deberíamos centrarnos en uno sólo de momento. Es mejor anclar las bases de los estudios traductológicos primero, que ya habrá tiempo para lo demás.

En cuanto a cursar idiomas fuera de la Universidad (ahora toca un poco de información objetiva), supongo que casi todos nosotros sabemos buscarnos las castañas. Lo más fácil y común es acudir a una Escuela Oficial de Idiomas. Las hay en casi todas las ciudades pequeñas y, en las grandes (como en Madrid capital), se puede encontrar un gran abanico de lenguas para elegir. En las EOI los precios son públicos y suponen una gran ventaja frente a las academias privadas. No obstante, sólo unas pocas imparten clases por las mañanas, algo que a mí me viene muy mal. Otra opción para estudiar idiomas son las academias privadas que he nombrado antes. Hay que tener cuidado a la hora de elegirlas, aunque si uno es bastante trabajador y autodidacta se apañará con lo que sea. Yo me fío más de las conocidas y de las que ofrecen títulos válidos internacionalmente (como las que ganaron el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2005: Alliance Franí§aise, British Council y Goethe Institut, entre otras). Son bien caras, claro. Como he dicho antes, si eres trabajador, puedes arreglártelas con cualquier tipo de curso e, incluso, avanzar un poco en el idioma por tu cuenta. Por último, la tercera opción para estudiar idiomas fuera de la Universidad no se aleja mucho de ella. Normalmente se pueden cursar lenguas extranjeras como asignaturas de libre configuración e incluso algunas universidades tienen departamentos exentos para ayudar a cualquier estudiante a mejorar su segunda lengua, a no olvidarla, o a aprender una nueva (aunque en muchas ocasiones estos departamentos se centran tan sólo en el inglés).

Concluyo ya este artículo sobre cómo estudiar otros idiomas fuera del programa curricular de Traducción. La próxima vez hablaré de lo que algunos estudiamos o practicamos fuera de la carrera, y que nada tiene que ver con ella, ni con los idiomas.

Un saludo.

Irene Igualada

Traducción y lenguas minorizadas (en este caso, el Gallego)

Martes, marzo 13th, 2007

Esta mañana me he levantado temprano para ir de compras por el centro de Ourense (pero da igual donde te encuentres, porque en Galicia pasa en todas las ciudades) y he vuelto a pasar por delante de un cartel que me corroe por dentro: CENTRO URBíN (acompañado de una flechita a la derecha). Los gallegos que hemos estudiado el gallego en el cole o en la universidad sabemos que urbán* es un hipergaleguismo, como lo llamamos los estudiosos, y que la forma correcta es urbano, sí, como en castellano. Este cuento es una introducción para que os hagáis una idea de cómo está el panorama lingüístico gallego. En este artículo quería mostrar la situación de una lengua minorizada en el ámbito de la traducción a los que no la conocen ya.

Mi relación con el gallego es extraña, porque empecé a hablarlo a los 17 años, 2 años después de volver de Suiza y me daba miedo hablarlo porque no quería chapurrearlo y hablar castrapo (gallego con castellanismos). Pero cuando me lancé, ya no supe separarme de él, de hecho, ahora es el castellano el que no quiero hablar por miedo a chapurrearlo. Por eso me metí en la carrera de TeI francés-gallego. La gente de aquí, siempre tan modesta, decía que no sabía dónde me metía, que el gallego no tenía salida. ¡JAJAJAJA! Ahora que acabo la carrera me doy cuenta de que tiene tanta salida que el castellano¦ Y os contaré porque, así también os pinto un poco el panorama de mi lengua.

Primero: si os paráis a pensar, descubriréis (y no quisiera ser pesimista) que el castellano se habla y se estudia en medio mundo, por lo que hay millones de traductores desde y hacia el castellano. Con el gallego, eso no ocurre, al contrario, a veces andamos buscados. Pero aquí entra el problema de las instituciones, porque en vez de ayudar a promulgar el gallego parece que lo quieren eliminar .

Segundo: los que estudiamos TeI x-gallego, también trabajamos con el castellano y somos capaces de traducir tan bien como los de TeI x-español. Así que si no tenemos trabajo en gallego, nos pasamos al castellano¦ también es cierto que en gallego hay un intrusismo notable, y digo notable en el sentido de que se nota, porque los que traducen al castellano no todos saben traducir al gallego. Es normal si tenemos en cuenta que el gallego todavía no es una lengua completamente normalizada.

Bueno, y eso es todo. Yo siempre digo que tenemos una situación privilegiada, porque los gallegos sabemos dos lenguas maternales, y es una pena que gente tan importante como escritores, actores o modistos no lo vean así. Además, los que estudiamos el gallego para perfeccionarlo como es el caso de los traductores, lo pasamos muy bien viendo a la gente hablar el castellano en la tele con un acento y unos calcos tremendos¦ ¡JEJEJE! ¡El gallego es divertido! Como tantas otras lenguas.

Voy a dar la despedida¦como decimos en nuestras canciones populares.

Adeus e un biquiño para todos.

Ana Vanessa Conde

Lexicología (UCO) vs Diccionarios de las lenguas B y C (UPO)

Viernes, marzo 9th, 2007

Asoma ya otro fin de semana y aquí me encuentro para daros la bienvenida con mi crítica quincenal a las asignaturas de nuestra licenciatura (cómo adoro la libertad de expresión)

Sí, probablemente debería estar haciendo algo relacionado con la facultad, véase, por ejemplo, una práctica surrealista de Metodología (lo que sigue creo que ya lo sabéis), pero, sinceramente, encuentro más útil dedicar este hueco, que he encontrado de casualidad en mi prácticamente inexistente tiempo libre, al artículo (si no cumplo los plazos, Olli me castiga sin postre)

A estas alturas nuestra vida va volviendo poco a poco a la normalidad tras los exámenes. De nuevo somos máquinas de coger apuntes de manera incansable (sobre todo en Lingüística, donde el adjetivo incansable es bastante discutible cuando comienzas a sufrir calambres intermitentes), pasarlos a limpio, hacer ejercicios y entregar prácticas.

Ahora que sé que he conseguido dejar atrás Lexicología de la lengua inglesa y las notas están próximas a ser fijadas en las actas, procedo a abordar el tema de mi artículo: ¿para qué me servirá la asignatura que acabo de aprobar?

Esta pregunta no es nada que no se me haya pasado antes por la cabeza. De hecho, mientras me pasaba días enteros delante de esos apuntes casi indescifrables que había conseguido crear prácticamente de la nada, me planteaba, en mitad de la frustración y la jaqueca, qué supondría esta asignatura no ya para mi vida futura como traductor, sino, en un futuro más cercano, durante el resto de la carrera.

Y no he encontrado una respuesta muy alentadora. Sólo considero justificada la presencia en el temario de los procesos de formación de palabras y mecanismos morfológicos del Inglés, pero no entiendo para qué puede servirme el haber estudiado miles de características de diferentes diccionarios (históricos ya muchos de ellos) monolingües y bilingües, si esa parte no se ha enfocado a la selección de diccionarios para la traducción práctica. ¿Para qué necesito saber las características del diccionario de Johnson (1755) o los procesos de investigación lexicográfica del siglo XX si, como futuro traductor, no se me enseña a saber seleccionar mediante diferentes criterios mi herramienta de trabajo más importante?

Si se lee el programa de la asignatura, (que fue planificado por un profesor diferente al que este año ha impartido la asignatura), se verá que en él se estructura la asignatura en tres objetivos básicos: hacer que el estudiante entienda los diferentes elementos comprendidos en la representación del significado y su función en el lenguaje, la mejora del vocabulario y la compresión de los procesos morfológicos del Inglés y, por último, promover una actitud crítica ante los diferentes tipos de herramientas léxicas. Un temario cargado de buenas intenciones y con un aspecto interesante en un principio, pero que, una vez que vuelvo la vista atrás se ve totalmente incumplido en la práctica totalidad de los tres aspectos anteriormente citados, salvándose, como he dicho anteriormente, la parte correspondiente a la morfología inglesa, poco más.

Ante esta situación, he comenzado a considerar diferentes planes de estudios y he comprobado que la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla oferta unas asignaturas más o menos similares a Lexicología: Diccionarios de las lenguas B y C, con un enfoque más lexicográfico que lexicológico, centradas sobre todo en el análisis del contenido de los diccionarios para evaluarlos con respecto a su eficacia como herramientas de trabajo, la actividad del traductor como creador de diccionarios y las ventajas o inconvenientes de ciertos tipos de diccionarios frente a otros.

Seguramente, algún alumno de la UPO que haya cursado la asignatura me contradiga y deje algún comentario diciendo que no entiende la utilidad de esa asignatura, o que en todas las universidades las asignaturas parecen más interesantes de lo que son en los planes de estudios que en el aula, pero sinceramente, después del desengaño con Lexicología del Inglés creo que nada hay ya a estos respectos que me sorprenda.

Para terminar esto que ha parecido más que un artículo un planto por la asignatura de Lexicología, hacer dos consideraciones que creo que serán compartidas por la mayoría de los lectores del blog: a la hora de hacer un plan de estudios, se debe pensar en la utilidad de las asignaturas impartidas y respecto al perfil del docente, los alumnos tenemos derecho (y las facultades yo diría que el imperativo moral si les importa la formación de sus estudiantes) a recibir la docencia por parte de un especialista en la materia.

Un saludo.
Ildefonso Laguna.

El motivo por el que estudiar la “schwa”

Miércoles, marzo 7th, 2007

Hace algunos días me encontraba en clase de lingüística. Como siempre, pendiente del lento transcurrir del tiempo y prestando más atención a mi pobre mano dolida, por las dos largas e incesantes horas de escritura a la que se ve sometida, cuando, de repente, esa voz que, dos veces por semana nos habla con tanta pasión y ahínco de Chomsky, Saussure, Coseriu y otros muchos, entonó un discurso diferente que sin duda llamó mi atención.

Aún no sé muy bien si fue un momento de lucidez mío, al haber despertado de mi letargo, o del profesor, que sin saberlo me estaba proporcionando el tema de mi siguiente artículo. El caso es que escuché decir a ese señor que una de las cualidades esenciales que ha de poseer un buen traductor es el conocimiento de la organización y del funcionamiento de la lengua que traduce, es decir, lo que estudiamos como lenguas B, C y D. Comentaba igualmente como éste, tarde o temprano, requiere de un marco teórico que sustente sus decisiones y le ayude a hacer frente a todos aquellos obstáculos, de origen lingüístico, que se interpongan en su camino.

Fue entonces, ante tan obvia y cierta afirmación, cuando los engranajes de mi cerebro parecieron despertar definitivamente y comenzaron a encadenar y relacionar una serie de pensamientos.

Me trasladé, a las clases de las lenguas B y C y por fin todo pareció cobrar sentido. Había un motivo por el que estudiar los fonemas fricativos en inglés, las definiciones de root y base y la sintaxis de las cláusulas inglesas entre otras muchas cosas.

Esta pequeña anécdota, en parte ficticia, no es más que un pretexto que bien muestra los contenidos que se estudian y trabajan en las lenguas B y en ocasiones, aunque en muy pocas en las lenguas C.

En ocasiones he escuchado a muchos de mis compañeros preguntarse quejosamente por qué y sobre todo para qué necesitan saber qué es un objeto directo, saber discriminarlo en las oraciones de otros complementos, conocer los procesos de formación de palabras etc. En definitiva, se quejan y lamentan de tener que estudiar la fonología, la semántica y la sintaxis entre otras cosas de la que es su lengua B. Quizás porque no entienden su utilidad o quizás porque no es lo que esperaban estudiar.
Sin embargo, parece ser que todo ello tiene una utilidad bastante importante; necesitamos conocer cómo funcionan el inglés, el francés, el alemán¦ en sus diversos planos lingüísticos, pues sólo el significado de las palabras o el mayor o menor dominio de la lengua a nivel comunicativo no es suficiente.

Ahora bien, este estudio de la lengua requiere de una base mínima que permita al estudiante, no sólo desenvolverse en los registros orales y escritos, sino también pasar a un nivel superior en su estudio. Unos conocimientos que, como he podido constatar en la mayor parte de las universidades españolas que siguen esta misma línea, no se proporciona en la titulación, ni siquiera en aquellas en las que la enseñanza de la lengua B se distribuye en dos cursos académicos.

Una realidad muy distinta es la que encontramos en las lenguas C. Por lo general, la enseñanza de los idiomas que se imparten como segundas lenguas extranjeras parte desde cero, pues no se espera que el alumnado posea conocimientos de lenguas tan poco comunes como el árabe o el italiano por ejemplo. De esta forma se sientan las bases que después van a permitir un estudio más avanzado de la lengua. Algunas universidades plantean los programas de este modo. No obstante, en muchas otras, esto no es así. Se destina únicamente el primer año al estudio básico de la lengua, obviando por completo el funcionamiento interno de la misma.

No parece ser que ninguno de estos dos planteamientos sea erróneo, aunque tampoco que sean del todo acertados si uno se emplea en la enseñanza de la lengua B y otro en la enseñanza de la lengua C. Necesitamos ser competentes y eficientes en la traducción de ambas lenguas y para ello ambos niveles de estudio deberían tratarse, salvando, en aquellos casos y momentos en los que sean pertinentes, las distancias en los niveles que se puedan exigir en cada idioma.

Inmaculada Prieto

III Feria de Empleo de la UCO

Miércoles, marzo 7th, 2007

Esta mañana Inma y yo nos hemos pasado por la III Feria del Empleo de la Universidad de Córdoba, que se celebra en el Palacio de la Merced (Diputación de Córdoba). La idea inicial era grabar un vídeo en el que apareciesen los diversos stands, y donde nos contasen a que se dedicaba cada empresa y que buscaban. Nuestra incompetencia técnica (o mejor dicho, la mía), lo ha impedido (recordad que nunca hay que salir de casa sin una batería y una casette extra :D ).

En cualquier caso, ha resultado interesante echar un vistazo, para sobre todo comprobar que poco teníamos que hacer allí. Aparte del stand de las Fuerzas Armadas (aquí podéis ver a este cabo mayor contándole la Milonga del marinero y el capitán a estos alumnos de ESO ) en el resto buscaban básicamente alumnos de último curso de licenciaturas y licenciados en Económicas, Ingenieros (buscan 10 mil para las plataformas petrolíferas de Noruega) y Diplomados en Relaciones Laborales.

Si tenéis tiempo, (y sois de la zona, claro está), pasaos a echar un vistazo. Aunque no encontréis una oportunidad de trabajo, siempre podéis aprender un poco sobre como seleccionan las empresas al personal (y de paso llevaros de recuerdo un puñado de boligrafos :D ). Si no sois de Córdoba, la Feria del Empleo es parte de una iniciativa llamada Tour del Empleo, que celebra actos por toda España. Los próximos tendrán lugar en Palma de Mallorca (6 y 7 de Marzo), Madrid (21 al 29 de Marzo) y Burgos (17 al 19 de Abril).

Un saludo

Olli Carreira

Destinos alternativos

Lunes, marzo 5th, 2007

Marzo es un mes odioso: llega la primavera, y con ella, esa orgía campestre sensorial de flores, enamorados, animales varios (patitos, abejitas, perritos, conejitos y otras criaturas diminutivizadas), alergia y buen tiempo (y como buen nórdico, no puedo dejar de preferir la nieve a los 30 grados que nos brinda el anticiclón atlántico). Entre tanto horror climático algo bueno debe compensar nuestras pobres vidas de estudiantes de T&I. En este caso, las nominaciones Erasmus.

Hasta la más perezosa de las universidades ha publicado ya la lista de los candidatos que lucharán (con métodos más o menos legales) por una de las plazas que se adjudicarán a lo largo del mes de Mayo. Mientras llega el desenlace de esta tragedia humana, los nominados se platean un gran número de cuestiones existenciales (¿me voy? ¿no me voy? ¿y que dirá mi novio? ¿me comeré algún rosco en Dinamarca? ¿y si no me voy?).

Una de las elecciones, a mi juicio más importantes, es la selección del destino. En caso del inglés (me ocuparé hoy de esta lengua por ser la más demandada) el estudiantado llega a darse de hostias por el mismo destino: las Islas Británicas. Resulta curioso, cuando el lugar no es atractivo en absoluto: su comida no merece tal nombre, su clima es monotemático, sus mujeres son¦ inglesas, sus hombres¦ en fin, no se sabe realmente son hombres. En cualquier caso, la leyenda urbana nos dice que, para aprender inglés, el mejor lugar es Inglaterra.

Falso. Inglaterra no deja de ser un lugar más en el que aprender esta lengua, al igual que México y España son dos lugares igualmente válidos (aunque diferentes) para aprender español. De hecho, Inglaterra no aporta, en muchas ocasiones, una ventaja decisiva a la hora de aprender inglés.

En primer lugar, las universidades británicas suelen hallarse saturadas de estudiantes españoles. Compartir tus clases de ingeniería civil con veinte españoles más no suele ayudar a que tu inglés mejore. En segundo lugar, las variedades de lengua inglesa dentro de Gran Bretaña son más amplias de lo que parece a primera vista. A excepción del posh English que se habla en el sur, en el resto del país un Erasmus puede encontrarse con variedades bastante incomprensibles de la lengua, que en muchos casos no van a ayudar al aprendizaje del idioma (y si alguien duda al respecto, que intente hablar con un taxista de Edimburgo en inglés estándar).

Quizá la razón más importante para no elegir las islas británicas como destino sea que, simplemente, hay otros destinos donde elegir (y en la variedad se encuentra el gusto). En Europa podemos optar básicamente por tres: Países Bajos (que cuenta con el mayor índice de bilingüismo del continente, un 94%), los países escandinavos (Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca), y Alemania. En estos tres destinos la posibilidad de aprender inglés no se limita sólo a las aulas, sino al contacto con los ciudadanos de estos países, que suelen hablar un inglés más que aceptable. Asimismo, existe la posibilidad de aprender más de una lengua al mismo tiempo, puesto que el inglés no es lengua oficial en estos casos, sino que es hablada por una mayoría de la población (aquí la variedad de lenguas maternas entre las que elegir es importante: islandés, noruego, sueco, finés, danés, alemán y holandés). De esta forma, podéis marcharos por ejemplo a Alemania a cursar un programa de Literatura en inglés, mientras practicáis vuestro alemán al salir de clase frente a una cerveza.

La elección de estos destinos alternativos plantea una serie de ventajas, y por supuesto, inconvenientes. El inglés hablado en Escandinavia tiende a una gran corrección, aunque no es la lengua materna de sus hablantes (además de tratarse, en muchos casos, de inglés americano). Todo esto ha de ser valorado por el futuro Erasmus. En cualquier caso, lo importante es remarcar que la posibilidad de elección de destinos es más amplia de lo que puede parecer en un primer momento, y esto ha de ser considerado por los alumnos que tengan una nota menor, menos medios económicos, etc.

¿Es Inglaterra el único lugar para estudiar inglés? ¿Resulta más positivo hacerlo en otro país europeo? Espero vuestros comentarios. Hasta entonces, recibid un cordial saludo de vuestro hermano en traducciones.

Olli Carreira

Especialización docente en T&I

Sábado, marzo 3rd, 2007

Afortunadamente, hace unos días pude escuchar lo que tantas veces había rondado mi incesante búsqueda. En uno de los seminarios-discursos-coloquios, que tan atentos escuchamos los neófitos esperanzados estudiantes de TEI, es donde se aliviaba y recreaba mi pensamiento disperso. Porque, a decir verdad, y como es lógico, son muchos los estudiantes de primeros cursos que acuden a estas pláticas con el fin de intuir lo que será su futuro profesional; aunque están dirigidos especialmente a estudiantes de últimos cursos.

Aquello que escuché y me aliviaba lo diré explícitamente en algún momento. Voy a dejar ese camino abierto.

Si este comienzo resulta un tanto abigarrado y confuso, o no, podría quedar más claro cuando les explique lo siguiente. Todo el interés y el empeño de un estudiante de TEI por aprender a traducir e interpretar corre el riesgo de convertirse en una carrera de fondo cuyo objetivo es salir cuanto antes al mundo terrenal y enfrentarse a la realidad. Necesitamos aprender las herramientas propias y concretas del traductor, y practicar, practicar mucho. La teoría es sólo una primera fase -no menos importante-. Necesitamos conocer las dificultades concretas que encontraremos en un encargo real de traducción. Puesto que muchas veces, como acabo de experimentar no hace mucho, el problema no es encontrar la traducción más rebuscada y original. En ocasiones, el espacio limitado para indicar un mensaje de error relativo a una válvula eléctrica de recirculación no te permite hacer virguerías. Este es un ejemplo, de los muchos que podríamos enumerar.

Con todo esto quiero referirme a la necesidad de que los docentes adapten sus enseñanzas a este tipo de necesidades. En parte, esta carencia podría deberse a la falta de profesionales de la Traducción dedicados a la Docencia y, en parte, a una deficiente organización y delimitación de cada una de las asignaturas. Nos encontramos con auténticos profesionales de los que aprendemos sobremanera, pero también nos encontramos con asignaturas que bien podrían adscribirse a otras especialidades _con todo mi respeto y admiración, por supuesto_.

Muchas veces, la solución podría ser un cambio de enfoque. Por poner un ejemplo, a la hora de aprender la heterogeneidad del uso lingüístico sería importante enfocarlo desde un punto de vista diastrático y diafásico, y no tanto diacrónico. Otro ejemplo: cuando estamos estudiando la cultura y/o civilización de un determinado grupo lingüístico (sea éste una comunidad de hablantes, una ciudad o un país), debemos conocer tanto la terminología de la lengua original como la equivalencia en nuestra lengua, lo que puede parecer evidente, pero no siempre real. No podemos limitarnos a recibir estas enseñanzas en uno u otro idioma sin conocer las correspondencias, ya que podríamos encontrarnos un día con el término Sturm und Drang y traducirlo por cualquiera de sus posibilidades; o bien no traducirlo (elección oportuna), o no saber exactamente a qué concepto alude… Estos ejemplos pueden resultar banales, pero son solo el esbozo de toda una infinidad de problemas reales. Alguno de nosotros puede sentirse identificado con esto y otros no, tenéis la libertad de manifestarlo. Dejaré para la próxima ocasión otros ejemplos y posibles soluciones, siendo consciente en todo momento de la envergadura del tema en cuestión.

Por último, y aludiendo a aquello que decía al principio, considero muy acertada la propuesta de aquella conferenciante que, con otras palabras, proponía la unión -yo diría simbiosis- entre la Filología y la Traducción. Aunque, antes de atreverme a decir esto, ya sé que existen muchos adversarios y detractores, he de decir que no se trata de una mera fusión, sino de un ir y venir de aportaciones beneficiosas y necesarias para ambas disciplinas.

Siempre serán bien recibidos comentarios y propuestas al respecto.

Un saludo,

Guadalupe Muñoz.-

Hypocrite lecteur,”mon semblable,”mon frí¨re!

Mi vida sin mi: En el metro

Jueves, marzo 1st, 2007

Tras una incesante pelea con la almohada, consigo levantarme de la cama a las ocho y media. Entonces, durante la media hora que tardo en despegarme las legañas, escucho la radio e intento adelantarme a los intérpretes cuando traducen las palabras de los políticos internacionales. No hay manera, nunca lo consigo. Renuncio definitivamente a la interpretación.

Salgo de casa pitando. Aunque el rectorado me haya bendecido con un maravilloso horario de tarde, siempre tengo otras cosas a las que dedicarme por las mañanas (tengan o no tengan que ver con los idiomas y la traducción -algo hay que poder poner en el apartado «Otras actividades» de un curriculum-). Entonces comienzan mis aventuras en el transporte público. A pesar del coñazo que es vivir a más de tres cuartos de hora de cualquier lugar habitable (mejor ni menciono lo que tardo en llegar a la universidad), a veces me doy cuenta de lo que se pierde la gente que vive cerca de la facultad, o los que tienen una habitación en la residencia que les permite incluso ir caminando a clase. El transporte público es un cajón de anécdotas a 50 km/h, y, gracias a la precariedad de los países más pobres, un método muy original de aprender idiomas, por así decirlo.

Hay tres cosas que se pueden hacer mientras viajas en metro: leer, estudiar o escuchar música. También puedes dedicarte a sus variantes, es decir: fingir que lees, fingir que estudias o fingir que escuchas música. Yo suelo practicar esto último, y he de decir que soy muy buena en ello (tengo ciertas tácticas), pero reconozco que debería aprovechar esos momentos para estudiar, visto lo visto, y no para hacer el tonto. Cuando finjo hacer todo lo anteriormente mencionado en realidad me dedico a escuchar conversaciones ajenas (curiosidad de traductora) siempre y cuando se hablen en otro idioma. Como comprenderéis no tengo ningún interés en el único idioma que ya domino. Aunque he de decir que, a menudo, me quedo fascinada por algunas palabras o expresiones que pronuncian algunos supuestos hablantes castellanos. Incluso he pensado seriamente en hacerles un estudio sociolingüístico-fonético-filológico-saussuriano alla Chomsky como proyecto de fin de carrera o algo así. Bueno, eso ya se verá. En cualquier caso, aunque me dedico a pegar el oído a conversaciones que no debería escuchar (a veces se oye cada cosa), nunca me sirven para entenderlas el inglés, francés o alemán (el primero que puedo chapurrear más o menos decentemente y los otros dos con los que soy capaz de decir cosas como: «Disculpe, ¿dónde está el banco?» o «A Pedro le gusta más el pescado que a Juana, pero a Juana le gusta la pizza tanto como a Pedro»), al fin y al cabo estos no son precisamente los idiomas que habla la gente que viene aquí a trabajar. Así que no me extrañaría descubrir un día a la salida del metro que puedo hablar fluidamente el swahili, el árabe o el rumano. No sé por qué la gente se queja tanto del multiculturalismo, a mí sólo me aporta beneficios. Ayer mismo aprendí cómo se dice «se alquila habitación» en rumano al leer los anuncios de una parada de autobús: í®nchiriez camerí .

A pesar de todo, de vez en cuando sí oigo conversaciones en inglés, sobre todo a medida que me voy acercando a la universidad. Así que las escucho como quien no quiere la cosa mientras paso las páginas de mi manual: Errores más comunes en la traducción directa Esperanto-Código binario. Cuando el metro se para (bendita Línea 6) y por los altavoces suena la consabida frasecita: «Metro de Madrid informa que: debido a causas ajenas a Metro, el servicio entre la estación tal y la cual de la línea pascual estará interrumpida en un tiempo estimado en más de quince minutos». Obviad los errores gramaticales. El caso es que entonces llega mi oportunidad de practicar la lengua inglesa. Es un poco arriesgado limitar mis clases prácticas a estos sucesos eventuales, pero al menos es más barato que irse al extranjero. «Pero, ¿qué ha dicho? ¿qué ha dicho?» exclaman los pobres guiris (estudiantes y turistas) sacando sus móviles-traductores de quinta generación. No obstante allí estoy yo para ayudarles. Pongo los brazos en jarra cual Superman y les suelto: «He has said that¦ (¿?)» Vaya, la traducción inversa es demasiado difícil para mí.

Esta sección del blog está dedicada a lo que hacemos los estudiantes de traducción cuando no estamos en clase o estudiando. Como habéis podido observar en esta ocasión me he dedicado a escribir casi solamente sobre el transporte público, pero cualquiera que viva en una gran ciudad comprenderá que realmente la mitad del tiempo fuera de casa o de clase lo pasamos allí.

Un saludo.